La hermana tormenta: navegar entre la música y el duelo

(Si aún no has empezado la historia, puede que aquí se escapen algunos detalles del camino)

Después de la calidez que me dejó Maia, tenía muchas ganas de seguir con la historia y conocer a Ally. Volví al audiolibro y, otra vez, la voz de Anna Pallejà hizo de refugio. Tiene algo muy especial: no dramatiza de más, pero tampoco se queda corta. Te acompaña. Y en una historia como esta, se agradece mucho.

Hamnet (7)

Si con Maia sentí que todo iba de despertar, con Ally la sensación es otra. Aquí hay golpe. Hay pérdida. Y hay que aprender a seguir. Me ha parecido una lectura más intensa, incluso un poco más oscura.

En La hermana tormenta, Lucinda Riley nos presenta a Ally D’Aplièse: marinera, fuerte, muy física… pero también profundamente conectada con la música. Todo arranca en un momento delicado de su vida, justo cuando recibe la noticia de la muerte de Pa Salt. A partir de ahí, su historia se abre en dos caminos: el presente y ese pasado que la lleva hasta Noruega, entre el siglo XIX y la Segunda Guerra Mundial.

El cambio de escenario se nota mucho. Si Brasil era luz y calor, aquí todo es más contenido, más frío, más introspectivo. Y la música clásica lo envuelve todo. No es solo un recurso, se siente casi como otro personaje. De hecho, hubo momentos en los que necesité parar y escuchar piezas como la “Canción de Solveig”, porque encajaban demasiado bien con lo que estaba leyendo.

La parte del pasado me ha parecido especialmente potente. La historia de Anna y Jens tiene algo que te atrapa sin darte cuenta. De esas que avanzas y no quieres salir de ahí. Y quizá por eso, en algunos momentos, el presente de Ally se me quedó un poco por detrás. No es que no funcione, pero el equilibrio no siempre es perfecto.

Compararla con Maia es inevitable. Maia era más tranquila, más de quedarse, de traducir el mundo con palabras. Ally es justo lo contrario: movimiento, acción, emoción pura canalizada a través de la música. Y eso cambia mucho la forma en la que se vive la historia. Aquí no se trata tanto de descubrir quién eres, sino de aceptar de dónde viene lo que ya eres.

Sí que hay momentos en el tramo final donde algunos personajes aparecen para cerrar piezas del puzzle y se nota un poco el mecanismo. No rompe la historia, pero se percibe.

Me quedo, sobre todo, con la sensación que deja. Hay partes que duelen —la historia de Theo se queda ahí, dando vueltas— y otras que despiertan mucha curiosidad, especialmente todo lo que rodea a Pa Salt, que empieza a volverse más misterioso.

Al final, es una historia más dura, más emocionalmente exigente. Como el mar que rodea a Ally: bonito, sí, pero también imprevisible. Y no sales igual que entras.

Y ahora sí: si has llegado hasta aquí y también estás leyendo la saga (o te lo estás planteando), me encantará leerte. ¿Te ha tocado tanto como a mí esta historia? ¿O te quedas con Maia?

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  • Fran