Mi madre cose.
No por entretenerse. No por llenar el tiempo.
Cose como se cuida algo que importa.
La tela en sus manos avanza sin ruido. El hilo, fino, seguro, atraviesa el día.
Yo no aprendí a bordar.
Lo mío eran los cuadros de medio punto. Seguir el dibujo impreso, puntada a puntada, confiando en que el sentido llegaría al final.
Nos sentábamos juntas en la terraza del jardín.
Ella con su bastidor.
Yo con mi labor entre las manos.
Y más allá, en la quietud, el limonero.
Inmóvil. Fiel.
Como ciertas cosas que no hacen falta nombrar.
Las tardes eran lentas.
En la cocina, el arroz con leche se enfriaba en cuencos de loza.
A veces hablábamos.
A veces no.
El silencio también era nuestro.
Leíamos.
Mi madre me dejaba elegir el libro.
Uno solo. Yo lo leía primero.
Después, ella lo abría por el final.
Leía la última frase.
—Para saber si merece la pena —decía, con media sonrisa.
Gracias a eso conocí a Jane Austen, que no escribe sobre el amor, sino sobre la espera, la dignidad, y lo que se guarda.
Leí también a Stephen King, pero ese era un viaje mío.
Mi madre prefería otras formas de temblor.
Nos aficionamos a las sagas.
Leíamos por turnos. Como si entre las dos, estuviésemos bordando la misma historia, desde distintas puntadas.
A veces venía mi abuela, con sus pestiños envueltos en papel de cocina, sus revistas de patrones, su forma de estar sin interrumpir.
Paseábamos las tres.
No hablábamos mucho. Pero estábamos.
Mi madre lleva el nombre de una Virgen que vive en lo alto de una sierra.
Allí vivió también mi abuela.
No es un nombre que se diga con solemnidad.
Pero lo sostiene todo.
Como un hilo que no se ve, y sin embargo, no se rompe.
Ahora, cuando la veo coser,
la luz tocándole las manos,
el hilo tenso,
la tela avanzando sin prisa,
pienso que esto era.
Que el amor no siempre se nota.
A veces solo se cose.
Se enfría en un cuenco.
Se pasa de página.
Se hereda.
Y aunque ya se conozca la última frase,
se decide quedarse,
y vivirlo todo.
Escucha la canción que acompaña este relato.
2 ideas sobre “Mi madre cose”
Eres una fuente de inspiración para mí y para todos lo que te rodean
Es preciso. A veces el silencio y las miradas hablan por si solas. Me ha emocionado