Hay memorias que permanecen vivas en la piel: el olor de una colonia que marcó una época, el calor de una manta doblada, la fuerza de unas manos que no dudaban. Son recuerdos que nos llegan de madres y abuelas, de mujeres que, con ternura y carácter, nos abrieron paso en un mundo menos nuestro. Este poema es un homenaje a ellas, pero también a todas las demás: a quienes no fueron madres ni abuelas, a quienes no pudieron o no quisieron serlo. Porque cada vida de mujer es válida. Todas somos raíz, todas somos camino. Herencia en palabras Si yo hubiera sido madre y abuela,hubiera querido ser como ellas:raíces firmes en la tierra,miradas transparentes,un paso que avanzaba sin temblaraunque el suelo se agrietara. Sí, llevo la sangre de ellas,corre por mí su fuerza antigua,ese pulso que aprendió a resistir,ese carácter que era escudoy ternura al mismo tiempo. Las recuerdo en pequeños detalles:el olor de la colonia multifloralde los ochenta,mezcla de flores sencillas y rutina,que olía a casa,a brazos que arropaban,a infancia sin reloj. Y estaban también los olores que fueron suyos:tomillo y romero quemados en el aire,el humo de cirios que manchaba los dedos,la pólvora festiva estallando en el […]
#HerenciaFemenina
Mi madre cose.No por entretenerse. No por llenar el tiempo.Cose como se cuida algo que importa.La tela en sus manos avanza sin ruido. El hilo, fino, seguro, atraviesa el día. Yo no aprendí a bordar.Lo mío eran los cuadros de medio punto. Seguir el dibujo impreso, puntada a puntada, confiando en que el sentido llegaría al final.Nos sentábamos juntas en la terraza del jardín.Ella con su bastidor.Yo con mi labor entre las manos.Y más allá, en la quietud, el limonero.Inmóvil. Fiel.Como ciertas cosas que no hacen falta nombrar. Las tardes eran lentas.En la cocina, el arroz con leche se enfriaba en cuencos de loza.A veces hablábamos.A veces no.El silencio también era nuestro. Leíamos.Mi madre me dejaba elegir el libro.Uno solo. Yo lo leía primero.Después, ella lo abría por el final.Leía la última frase. —Para saber si merece la pena —decía, con media sonrisa. Gracias a eso conocí a Jane Austen, que no escribe sobre el amor, sino sobre la espera, la dignidad, y lo que se guarda.Leí también a Stephen King, pero ese era un viaje mío.Mi madre prefería otras formas de temblor.Nos aficionamos a las sagas.Leíamos por turnos. Como si entre las dos, estuviésemos bordando la misma historia, desde […]