Olvida el gótico pausado. El monje (1796) es un torbellino de oscuridad, ritmo frenético y personajes que, siglos después, siguen resultando profundamente perturbadores. Un experimento que salió (muy) bien Leí El monje casi por compromiso con NoxQuimia, nuestro club de lectura. Vamos alternando clásicos y este nos parecía el típico «tengo que leerlo porque es importante», pero con la duda de si se nos haría bola o se quedaría en una curiosidad histórica. Tengo que decir que me equivoqué por completo: no esperaba que me enganchara así. Desde el primer capítulo te agarra del cuello con un ritmo salvaje, casi excesivo, que no te suelta. Pasan cosas constantemente y, lo mejor, nada sobra. Lo devoré con ganas, compartiendo cada giro sucio y cada decisión moral cuestionable con el grupo. Leer terror acompañada es otro nivel; la angustia se contagia. Nota sobre spoilers: Hablaré de temas generales de la trama, pero puedes seguir leyendo sin miedo a que te arruine las sorpresas clave. El escándalo de un autor de veinte años Matthew G. Lewis escribió esta bomba en 1796, con solo veinte años. Eran tiempos de post-revolución francesa y una fascinación general por lo oculto. Cuando salió, el libro fue un […]
#NoxQuimia
Después de este viaje lleno de caos veneciano, sustos sicilianos, momentos mágicos y emociones que van y vienen como las mareas… quiero escucharte a ti. Esta encuesta es para saber qué te ha tocado, qué te ha hecho reír, qué escena te dejó con el corazón apretado y cuál de estos personajes locos se ha quedado contigo más tiempo del que esperabas. Tu opinión ayuda a decidir qué vendrá después:más historias, un especial navideño, un spin-off… o ese capítulo extra que ya estás imaginando. Gracias por estar aquí.Ahora sí: cuéntame.
Era mi primera vez con Hoffmann y lo viví en la lectura conjunta de NoxQuimia Club de Lectura. El arranque, sobre todo el segundo capítulo, me resultó pesado: lento, cargado de antecedentes y con una solemnidad que casi me hizo abandonar. Pero al avanzar descubrí otra cosa: un gótico febril, desbordado, lleno de crímenes, delirios y desdoblamientos. Lo que me conquistó fue el trasfondo psicológico, casi freudiano, que convierte a Medardo en escenario de una lucha interior entre pulsiones reprimidas y deseo de redención. Aviso de spoilers A partir de aquí, relato libremente los giros de la trama. Cómo nació la obra Hoffmann publicó Los elixires del diablo en 1815-1816, en pleno auge del romanticismo alemán. Tomó recursos del gótico inglés (conventos, manuscritos, apariciones, crímenes), pero los volcó hacia el interior: lo terrorífico ya no es el castillo embrujado, sino la mente dividida del protagonista. Ficha técnica Argumento con detalle Ejes temáticos Comparaciones góticas Diccionario gótico Lo que me gustó y lo que me costó Lo que más disfruté fue la intensidad con la que Hoffmann se mete en la mente de Medardo. Ese desdoblamiento con su doble me pareció inquietante y muy moderno, como si hablara de lo reprimido […]
Hay memorias que permanecen vivas en la piel: el olor de una colonia que marcó una época, el calor de una manta doblada, la fuerza de unas manos que no dudaban. Son recuerdos que nos llegan de madres y abuelas, de mujeres que, con ternura y carácter, nos abrieron paso en un mundo menos nuestro. Este poema es un homenaje a ellas, pero también a todas las demás: a quienes no fueron madres ni abuelas, a quienes no pudieron o no quisieron serlo. Porque cada vida de mujer es válida. Todas somos raíz, todas somos camino. Herencia en palabras Si yo hubiera sido madre y abuela,hubiera querido ser como ellas:raíces firmes en la tierra,miradas transparentes,un paso que avanzaba sin temblaraunque el suelo se agrietara. Sí, llevo la sangre de ellas,corre por mí su fuerza antigua,ese pulso que aprendió a resistir,ese carácter que era escudoy ternura al mismo tiempo. Las recuerdo en pequeños detalles:el olor de la colonia multifloralde los ochenta,mezcla de flores sencillas y rutina,que olía a casa,a brazos que arropaban,a infancia sin reloj. Y estaban también los olores que fueron suyos:tomillo y romero quemados en el aire,el humo de cirios que manchaba los dedos,la pólvora festiva estallando en el […]
El aire flotaba tibio, incierto.Abril, y sin embargo, el sol deslizándose por los tejados como en junio: con esa luz inclinada que no exige, que solo se posa.Una primavera anticipada, sí. No por error, sino por deseo. La ciudad celebraba Sant Jordi.Las calles, abiertas como libros, respiraban palabras y flores.Había un murmullo leve de pasos, de páginas, de voces que se ofrecían sin apuro.Una alegría antigua que no necesitaba ser explicada. Entre la gente, caminábamos nosotros tres.Virginia, Bram y Edgar.Tres caminos distintos, entrelazados por los libros, las conversaciones, las raíces.No era costumbre. No era coincidencia. Era elección.Nos habíamos encontrado en lo esencial. Virginia, catalana, caminaba con la familiaridad de quien reconoce cada plaza, cada acera, como parte de su historia.Había crecido allí, entre librerías y flores envueltas en papel rústico.Y aunque el mar no se veía, la brisa llegaba desde lejos, y ella sabía que estaba cerca.El mar, en su tierra, no se mira: se intuye. Se respira entre calle y calle, como un fondo constante. Pero en ella también habitaban otras raíces.Una familia llegada del sur, de campos extremeños y patios andaluces.Lo notabas en algunas palabras, en su manera de escuchar, en cómo se emocionaba cuando el viento olía […]