Vuelo 7421: Destino Improvisado El móvil vibró sobre la mesa de centro con ese zumbido insistente y feo que nunca trae buenas noticias en festivo. A su lado, Ron, que dormitaba panza arriba con la desvergüenza de quien no paga alquiler, apenas abrió un ojo. Pedro, en cambio, sintió el pitido directamente en el estómago. Al leer la pantalla, el aire de la habitación pareció volverse más frío.“Baja médica imprevista. Te activamos para el BCN–MEX. Presentación en T1 a las 16:40h. Lo sentimos.” Pedro dejó caer el teléfono sobre el sofá, como si quemara.—Cazzo —se le escapó, con ese deje italiano que se le había pegado de tanto escuchar a Marco maldecir cuando perdía la Fiorentina. Ron detectó el cambio de presión atmosférica. Se incorporó, sacudiéndose la pereza, y apoyó el hocico pesado sobre la rodilla de su humano. Pedro le rascó detrás de la oreja con desgana, sintiendo ya el peso del uniforme.—Lo siento, gordo. Papá Noel no viene este año. Papá Pedro se va a servir “pollo o pasta” a doce mil metros de altura mientras tú te quedas mirando la puerta. En Radio Ráfaga… El espíritu navideño murió de una hemorragia súbita en cuanto Marco leyó el […]
#Lectoras
Después de este viaje lleno de caos veneciano, sustos sicilianos, momentos mágicos y emociones que van y vienen como las mareas… quiero escucharte a ti. Esta encuesta es para saber qué te ha tocado, qué te ha hecho reír, qué escena te dejó con el corazón apretado y cuál de estos personajes locos se ha quedado contigo más tiempo del que esperabas. Tu opinión ayuda a decidir qué vendrá después:más historias, un especial navideño, un spin-off… o ese capítulo extra que ya estás imaginando. Gracias por estar aquí.Ahora sí: cuéntame.
Volare Faltaban dos minutos para las ocho. En la cabina de Radio Ráfaga, donde el viento parecía colarse incluso cuando no soplaba fuera, reinaba ese caos controlado tan propio de las mañanas. Rebeca Márquez, enfundada en un vestido color vino y una bufanda de seda que bien podría haber comprado en un mercadillo de Palermo, hojeaba un poemario con la solemnidad de quien prepara una revelación.Luis, frente a la consola, ajustaba botones con la resignación serena de quien ya ha perdido demasiadas batallas contra lo inesperado.Diana, en su rincón habitual, escribía en su cuaderno con el ceño fruncido, sabiendo que la paz duraría lo que un espresso mal servido. —¿De verdad vamos a empezar con una canción napolitana? —murmuró Luis, sin levantar la vista. —Naturalmente —respondió Rebeca, con esa media sonrisa que anunciaba tormenta—. Hoy no es un lunes cualquiera. Hoy… nos vamos a Italia. Diana alzó la mirada, despacio. —¿Cómo que “nos vamos”? —La Asociación Dante Alighieri ha hablado. ¿Recordáis aquel concurso de poesía? Pues bien: lo ganamos. Dos billetes a Italia. —¿Dos? —Uno para mí, por supuesto. Y el otro, para ti, hija mía. Nos lo hemos ganado. Por la cultura, la emoción… y, al parecer, mi anécdota […]