BILLETES DE IDA (Y LO QUE VENGA) – CAPÍTULO 1

Volare

Faltaban dos minutos para las ocho. En la cabina de Radio Ráfaga, donde el viento parecía colarse incluso cuando no soplaba fuera, reinaba ese caos controlado tan propio de las mañanas.

Rebeca Márquez, enfundada en un vestido color vino y una bufanda de seda que bien podría haber comprado en un mercadillo de Palermo, hojeaba un poemario con la solemnidad de quien prepara una revelación.
Luis, frente a la consola, ajustaba botones con la resignación serena de quien ya ha perdido demasiadas batallas contra lo inesperado.
Diana, en su rincón habitual, escribía en su cuaderno con el ceño fruncido, sabiendo que la paz duraría lo que un espresso mal servido.

—¿De verdad vamos a empezar con una canción napolitana? —murmuró Luis, sin levantar la vista.

—Naturalmente —respondió Rebeca, con esa media sonrisa que anunciaba tormenta—. Hoy no es un lunes cualquiera. Hoy… nos vamos a Italia.

Diana alzó la mirada, despacio.

—¿Cómo que “nos vamos”?

—La Asociación Dante Alighieri ha hablado. ¿Recordáis aquel concurso de poesía? Pues bien: lo ganamos. Dos billetes a Italia.

—¿Dos?

—Uno para mí, por supuesto. Y el otro, para ti, hija mía. Nos lo hemos ganado. Por la cultura, la emoción… y, al parecer, mi anécdota sobre un trozo de pecorino en Trapani que conmovió al jurado.

Luis soltó un resoplido, como quien escucha por quinta vez la misma ópera sin final.

—Y yo me quedo aquí, en la cabina, mientras vosotras os vais a corretear por Florencia como dos turistas con ínfulas de ensayo literario.

—Alguien tiene que regar la planta del pasillo, Luis.

—La planta está muerta desde febrero.

—Entonces te traeré una nueva. De cerámica. Mucho más agradecida.

La luz roja del micrófono se encendió. Estaban en el aire.

Rebeca se colocó los auriculares como quien se ajusta una corona antes de entrar en escena.

Muy buenos días, queridos oyentes de Radio Ráfaga. Hoy esta voz no viene sólo con poesía y entusiasmo… también con billetes. Dos, con destino a Italia.

Luis, seco como el café que tomaba:

—Una mañana más en la emisora donde lo improbable es rutina.

—Porque cuando una lee a Quasimodo con alma y mandolina de fondo, las puertas del Mediterráneo se abren. Hoy celebramos el poder de la palabra… y de las asociaciones culturales generosas.

—Y del queso, no lo olvides —intervino Diana, sin alzar la vista.

—Todo arte empieza por el paladar, querida mía.

Entonces sonó el teléfono interno. Diana lo atendió.

—¿Sí?… ¿Ah, claro?… ¿Cómo dice? Un momento.

Tapó el auricular y los miró con una mezcla de sorpresa y resignación.

—Es la Asociación. Dicen que están encantados con el equipo completo. Que si aceptamos hacer una emisión especial desde Italia, disfrazados de personajes históricos… nos dan un tercer billete.

Silencio. Luis parpadeó.

—¿Disfrazados?

—Sí. En una plaza. En directo. Al parecer buscan algo “excéntrico, entrañable y con contenido”.

Rebeca se incorporó como impulsada por una fuerza cósmica.

—¡Yo pido ser Giulietta Masina! ¡O Sofonisba! ¡O una fusión de las dos!

Luis bufó.

—¿Y yo qué demonios pinto ahí?

—Dante Alighieri, naturalmente —dijo Diana—. Tienes el temperamento.

Luis bajó la cabeza.

—Esto va a salir mal.

—Lo importante —dijo Rebeca, radiante— es que ya estamos en marcha. ¡Italia nos espera!

Diana cerró su cuaderno con un chasquido.

—Esto va a ser una novela.

Y sí. Lo era.


Acompaña la lectura con esta versión de “Volare”.
Porque hay días en los que volar no es una metáfora.

Versión de “Volare” interpretada por Esteriore Brothers. Vídeo original en YouTube.

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  • María