Todas somos raíz, todas somos camino

Hay memorias que permanecen vivas en la piel: el olor de una colonia que marcó una época, el calor de una manta doblada, la fuerza de unas manos que no dudaban. Son recuerdos que nos llegan de madres y abuelas, de mujeres que, con ternura y carácter, nos abrieron paso en un mundo menos nuestro.

Este poema es un homenaje a ellas, pero también a todas las demás: a quienes no fueron madres ni abuelas, a quienes no pudieron o no quisieron serlo. Porque cada vida de mujer es válida. Todas somos raíz, todas somos camino.


Herencia en palabras

Si yo hubiera sido madre y abuela,
hubiera querido ser como ellas:
raíces firmes en la tierra,
miradas transparentes,
un paso que avanzaba sin temblar
aunque el suelo se agrietara.

Sí, llevo la sangre de ellas,
corre por mí su fuerza antigua,
ese pulso que aprendió a resistir,
ese carácter que era escudo
y ternura al mismo tiempo.

Las recuerdo en pequeños detalles:
el olor de la colonia multifloral
de los ochenta,
mezcla de flores sencillas y rutina,
que olía a casa,
a brazos que arropaban,
a infancia sin reloj.

Y estaban también los olores que fueron suyos:
tomillo y romero quemados en el aire,
el humo de cirios que manchaba los dedos,
la pólvora festiva estallando en el pecho,
la tierra reseca que crujía bajo los pasos,
mezclándose con la piel sudada
de fe y de fiesta.

Ellas no temían alzarse
contra lo que no era justo,
y levantaban como bandera el cuidado,
esa forma de amor sin ruido
que todo lo sostiene.

Vivían felices en la frugalidad,
porque sabían del tesoro de la ternura:
un plato compartido,
una manta doblada,
una mano sobre la frente.

Madres y abuelas nos legaron
la verdadera sororidad:
hilos invisibles de mujeres
que se acompañaban en la sombra,
aunque el mundo quisiera verlas solas.


Cada vida de mujer florece en su verdad:
las que crían,
las que cuidan de otros modos,
las que no quieren,
las que no pueden.

Todas son raíz,
todas son camino,
todas merecen vivir sin juicio.


Nosotras tenemos la suerte
de habitar un mundo más nuestro,
un mundo nuevo que ellas abrieron paso,
rompiendo muros
allí donde antes había puertas cerradas.

Ellas, que caminaban hacia adelante
con la valentía de lo cotidiano,
con la claridad de las ideas firmes,
con la certeza de empezar siempre de nuevo.

Sí, llevo la sangre de ellas,
y aunque no sea madre ni abuela,
su herencia me atraviesa:
me enseña a resistir,
a cuidar,
a seguir andando.

Y en mí se repite su eco:
si yo hubiera sido madre y abuela,
hubiera querido ser como ellas.


Ellas nos legaron la fuerza, la ternura y la sororidad. Nosotras tenemos la libertad de vivir cada vida sin juicio, con la certeza de que todos los caminos son dignos. Porque, al final, todas somos raíz, todas somos camino.

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2 ideas sobre “Todas somos raíz, todas somos camino”

  • María
    • María Nox