
Aviso: Si no has cruzado el puente de Elizondo con Amaia, para aquí. Esta reseña tiene spoilers y remueve secretos de los Salazar que es mejor descubrir a solas.
Hay libros que terminas, cierras y dejas en la estantería. Pero con Dolores Redondo me pasó algo distinto: tardé días en salir del Baztán. No es solo que escriba buena novela negra, es que construye un lugar tan denso que cuando levantabas la vista del libro casi esperabas oler lluvia.
Lo que más me llegó de la saga no fueron los crímenes sino la gente que sostiene a Amaia. La tía Engrasi es el corazón de todo. Hay algo en ese personaje, ese faro que te espera con café y te lee sin que abras la boca, que te hace desearla de verdad. No como personaje: como persona.
James y el pequeño Ibai funcionan como contrapeso cuando la trama aprieta demasiado. No son decorado, son el recordatorio de que hay un sitio al que volver.
Y luego están las sombras, que en estos libros son largas de verdad. Flora me generó una mezcla rara de rabia y pena: esa envidia que le carcome por dentro, el resentimiento de quien se quedó entre harinas mientras su hermana se marchaba. Rosario es otro nivel directamente. La imagen de la harina en la infancia de Amaia se me quedó clavada. Entiendes de golpe por qué la inspectora es como es, por qué levanta muros. No es frialdad, es supervivencia.
La muerte de Jonan Etxaide me dolió como si fuera alguien cercano. Ahí es cuando te das cuenta de que en estos libros la muerte no es un recurso narrativo: deja un hueco real, en el equipo y en ti.
Si tuviera que quedarme con algo: la trilogía original es sólida y oscura, pero Las que no duermen me pareció la más valiente. La Redondo que más arriesga.
Al final te quedas con esa nostalgia rara de dejar un sitio que no existe. Con ganas de buscar una casa en Elizondo, sentarte a la mesa de Engrasi y pedirle que te eche las cartas una vez más, solo para no tener que marcharte del todo.
3 ideas sobre “Dolores Redondo: el misterio que late bajo la lluvia”
Muy buena reseña María, enhorabuena
Mil gracias, Fran. Sé que compartimos auto
Mil gracias, amigo