¿Quiénes son los verdaderos héroes?
Pensamos en monstruos que nos dejan sin respiración.
En cazadores valientes, en estacas, en espadas.
Pensamos en el brillo épico del momento final.
Pero olvidamos a quienes sostienen la historia.
Aquellos que escriben, anotan y ordenan el caos cuando todos huyen.
Quienes transforman el miedo en memoria.
Quienes reconstruyen la verdad para que la noche no la borre.
Mina Harker no blandió la estaca.
No alzó la cruz.
Pero sin ella no habría novela.
No habría salvación.
No habría un mañana.
Hay héroes silenciosos.
Sus victorias se escriben con paciencia, lucidez y cuidado.
Gracias a ellos, las historias perduran.
Fragmento del diario de Mina Harker
(tributo a Drácula, por Marianox.es)
A veces la casa me observa.
O quizá soy yo quien la observa, como un cirujano vigila una herida mal cerrada.
Jonathan corta leña en el jardín, reconstruyendo la rutina golpe a golpe.
Nuestro hijo corre sin miedo, ajeno a las grietas de la memoria.
Y yo, cada atardecer, sostengo la calma.
Sostengo la luz.
Sostengo la vida.
Como sostuve la mía aquella noche,
cuando su voz me ofrecía un abismo.
Drácula.
No lo nombro, pero me late detrás de los dientes.
Un temblor. Un eco.
No fue solo un monstruo.
Fue la prueba de que hasta la mente más firme puede tambalear.
Pero no me rendí.
No fui sumisa.
No fui la víctima que todos quisieron ver.
Fui memoria.
Fui razón.
Fui la mano que sujetó el relato para que no se deshiciera.
Me salvé, sí.
Eso repiten.
Pero nadie pregunta qué queda cuando la salvación termina.
Guardo mis diarios,
mis palabras,
mis pruebas.
Los leo a veces para recordarme algo:
sobrevivir no es lo mismo que olvidar.
Aunque el castillo cayera,
aunque la tierra profanada se secara,
algo sigue vivo:
mi lucidez,
mi memoria,
mi voz.
Ningún monstruo podrá quitármelo.
Porque sobrevivir no significa olvidar.