Charla de medianoche con Fran

Charla de medianoche con Fran

Café, libros y algún secreto

Por María Ultreia

Esta es la primera entrevista que publico y no podía empezar con otra persona. Fran es mi amigo y compañero en Siempre Medianoche y una de esas personas con las que una conversación puede empezar hablando de un libro y terminar, varias horas después, en un audio imposible de resumir. Entrevistarle me resulta fácil y difícil al mismo tiempo. Fácil, porque conozco sus historias, hemos hablado mucho de libros y sé de dónde nacen algunas de sus obsesiones. Difícil, porque cuando existe tanta confianza no siempre es sencillo encontrar preguntas que no hayan aparecido ya en alguna conversación. No quería preparar un cuestionario frío ni demasiado formal. Preferí volver a sus relatos, detenerme en lo que me había inquietado, emocionado o sorprendido y preguntarle por todo aquello que queda fuera de la página. También hablamos de Siempre Medianoche y de un proyecto que llevamos un tiempo preparando, aunque todavía no podamos contar demasiado. Esta es nuestra charla.

Pregunta

Parece que fue ayer cuando empezamos con el club de lectura y, sin embargo, han pasado muchas cosas desde entonces. Ahora estamos preparando algo nuevo, aunque todavía no podamos explicar demasiado. Tú siempre has sido un lector muy ligado al papel. ¿En qué momento empezaste a pensar que algunas historias podían contarse también de otra manera?

Fran:

Antes de nada, María, quiero darte las gracias por esta entrevista para tu blog. Para mí es un auténtico honor ser el primer autor en inaugurar esta sección. Sí, siempre he sido un lector muy ligado al papel. De hecho, todavía conservo muchos libros guardados en casa y me encanta la sensación de tenerlos entre las manos. Pero reconozco que la llegada de los libros electrónicos supuso una auténtica revolución para mí. No solo por la comodidad de poder llevar cientos de libros en un solo dispositivo, sino también porque el espacio en casa deja de ser un problema.

Y, curiosamente, hace relativamente poco he descubierto otro formato que ha terminado formando parte de mi día a día: los audiolibros. Antes pensaba que nunca sustituirían a la lectura tradicional, pero me he dado cuenta de que no vienen a reemplazarla, sino a complementarla. Especialmente en verano me resultan muy útiles. El ruido de la ciudad hace que, en ocasiones, me cueste concentrarme para leer por las noches, y los audiolibros me permiten seguir disfrutando de las historias de una forma diferente. Creo que eso también me hizo reflexionar sobre la manera en que contamos las historias. Al final, lo importante no es solo el formato, sino la emoción que consigues transmitir. Un buen relato puede atraparte en papel, en un libro electrónico o a través de una voz que te lo susurra al oído. Y esa idea, precisamente, ha tenido mucho que ver con el nuevo camino que estamos empezando a recorrer.

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Pregunta

En «El eco de tu piel» empiezas desde un lugar cercano: una cama, café, libros viejos y una sensación de hogar. Sin embargo, poco a poco, todo empieza a cambiar hasta conducir la historia hacia un lugar mucho más oscuro. ¿Cómo trabajas esa cercanía entre el amor, la obsesión y el horror?

Fran:

El eco de tu piel, fue un relato que escribí cuando ya tenía programadas las publicaciones para Instagram. Aun así, sentía la necesidad de escribir una historia como esta porque, para mí, era un proyecto muy especial. Quería explorar esa fina línea que separa el amor de la obsesión. Me apetecía mostrar cómo un sentimiento que nace de la ternura y la cercanía puede transformarse, poco a poco, en algo inquietante y profundamente perturbador. Conseguir que el lector comenzará la historia sintiéndose cómodo, rodeado de una atmósfera cálida y familiar, para después conducirlo hacia el drama y, finalmente, al horror, fue todo un reto. Creo que el terror funciona mucho mejor cuando nace de lo cotidiano, de aquello con lo que cualquiera puede sentirse identificado. Estoy muy satisfecho con el resultado, porque siento que conseguí contar una historia donde el amor, el dolor y el miedo conviven de una forma muy natural.

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Pregunta

En «3:17 AM» también partes de algo cotidiano: despertarse de madrugada y mirar el teléfono. Pero introduces un detalle que lo cambia todo. El móvil que vibra no es el del protagonista, sino otro que se encuentra al lado de la cama, sobre una mesilla que no debería existir. ¿Cuánto hay de tus propias noches de insomnio en ese relato?

Fran:

Bastante más de lo que me gustaría reconocer. Sufro muchas noches de insomnio, especialmente en verano. Las noches húmedas y bochornosas son mi peor enemigo y, si además abro un ojo y veo que son las 3 de la madrugada… ya doy la noche por perdida. Por suerte, nunca me he encontrado un móvil que no debería estar sobre la mesilla. Aunque reconozco que, cuando uno lleva horas sin dormir, la imaginación empieza a hacer de las suyas. Creo que ahí nació la idea de 3:17 AM: partir de una situación que cualquiera ha vivido y preguntarme: «¿Y si esta vez hubiera algo diferente?». Al final, muchas de mis historias nacen así. Cojo una experiencia completamente cotidiana y le doy un pequeño giro. A veces basta con cambiar un solo detalle para que lo normal se convierta en una auténtica pesadilla.

Pregunta

También has escrito terror histórico y relatos con un tono cercano al pulp. Elisabet, la condesa de «La última gota de elegancia», se ha convertido en uno de los personajes más recordados del club. En la tercera parte decidiste sacarla de su castillo y llevarla a un ático de Madrid, rodeada de lujo y vestida de Alexander McQueen. ¿Por qué quisiste trasladar a una criatura tan clásica a un escenario actual?

Fran:

Personalmente, me apasiona el terror gótico clásico. Obras como Drácula o Carmilla me parecen auténticas joyas del género y han sido una fuente de inspiración constante. Cuando creé a Elisabet, mi intención inicial era que viviera en ese universo clásico: castillos, oscuridad, elegancia y ese aire decadente que tanto me fascina. Sin embargo, conforme el personaje fue creciendo, empecé a preguntarme qué ocurriría si una criatura con siglos de historia tuviera que enfrentarse al mundo actual. La respuesta me divertía mucho: descubrir que alguien como Elisabet no solo sobreviviría en el siglo XXI, sino que probablemente se adaptaría mejor que muchos de nosotros. Cambiar un castillo por un ático de lujo en Madrid o sustituir los vestidos de época por diseños de Alexander McQueen no hace que pierda su esencia; al contrario, demuestra que la elegancia, el poder y la oscuridad no entienden de épocas. Creo que ahí está la magia del personaje. Elisabet sigue siendo la misma depredadora refinada de siempre, solo que ha aprendido a moverse entre rascacielos, alta costura y copas de vino en lugar de carruajes y salones iluminados por velas.

Pregunta

No todo en tu biblioteca es sangre, oscuridad y desgarro. Hay una pieza que me toca especialmente cada vez que vuelvo a ella: «El poder de lo invisible». En ese texto hablas de reconocernos en la resistencia, de robles centenarios que retiran su savia durante la helada para no quebrarse y que terminan encontrándose bajo la tierra a través de sus raíces. ¿Es este relato una metáfora de nuestro club de lectura o nace de algo más personal?

Fran:

La verdad es que sí. El poder de lo invisible es, probablemente, uno de los relatos más personales que he escrito. Habla de la distancia, de la soledad y de esos momentos en los que uno siente que está resistiendo el invierno, igual que un roble centenario que guarda toda su fuerza en silencio para no quebrarse. Pero también habla del reencuentro, de esos vínculos que nunca desaparecen, aunque el tiempo o la vida parezcan empeñados en separarlos. No puedo contar mucho más porque perdería parte de su significado. Solo diré que este relato nació a raíz del reencuentro con unos hermanos muy especiales para mí. Ellos saben quiénes son, y creo que no hace falta decir nada más. Si después algunos lectores han querido ver en esas raíces una metáfora de nuestro club de lectura, me parece maravilloso. Al fin y al cabo, un club también está formado por personas que, aunque a veces estén lejos unas de otras, permanecen unidas por algo que no se ve, pero que siempre está ahí. Y, quizás, ese sea el verdadero poder de lo invisible.

Pregunta

Tus relatos suelen moverse entre escenarios muy distintos: una habitación en plena madrugada, un castillo antiguo, un ático de Madrid o un bosque en el que los árboles parecen sostenerse unos a otros. ¿Qué aparece primero cuando empiezas a escribir: una imagen, un personaje, una frase o una sensación?

Fran:

La verdad es que no tengo una fórmula. Cada relato nace de una forma diferente, y creo que eso es precisamente lo que hace que escribir siga siendo tan apasionante para mí. Hay veces que todo empieza con una imagen mientras estoy leyendo un libro. De repente aparece una idea y pienso: «¿Y si llevo esto un paso más allá?». Otras veces basta una conversación con alguien. Una frase, un recuerdo o incluso una pesadilla que me cuentan puede convertirse en la chispa que encienda toda una historia. Lo que sí tengo claro es que la ambientación suele ser lo último que construyo. Primero necesito saber qué quiero contar y qué quiero hacer sentir al lector. Después busco el escenario perfecto para esa historia. A veces será un dormitorio en mitad de la noche, otras un castillo perdido, un ático en una gran ciudad o un bosque donde los árboles parecen susurrarse unos a otros. Al final, las ideas pueden surgir de cualquier parte. Lo importante es mantener la curiosidad despierta y preguntarse siempre: «¿Qué pasaría si…?». Creo que esa pregunta es el verdadero origen de casi todos mis relatos.

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Pregunta

Hay autores que necesitan conocer toda la historia antes de comenzar y otros que escriben para descubrirla. ¿Tú sabes desde el principio hacia dónde vas o dejas que el relato te lleve por caminos que no habías previsto?

Fran:

Sin ninguna duda, me dejo llevar. Cuando empiezo un relato suelo tener una idea de hacia dónde quiero ir, pero rara vez conozco el camino completo. De hecho, muchas veces son los propios personajes los que terminan cambiando la historia. Me ha ocurrido en más de una ocasión empezar pensando: «Este personaje no va a sobrevivir». Sin embargo, conforme avanzo en la escritura, algo cambia. Le doy una última oportunidad, toma una decisión inesperada o simplemente siento que todavía tiene algo que contar, y acaba salvándose. Por eso nunca escribo con un final completamente cerrado. Muchos de mis relatos han tenido varios finales antes de encontrar el definitivo. Necesito esa libertad para sorprenderme mientras escribo. Si desde la primera página supiera exactamente cómo va a terminar todo, creo que perdería parte de la emoción. Para mí, escribir también es descubrir la historia. Si el relato consigue sorprenderme a mí durante el proceso, siempre pienso que tendrá muchas más posibilidades de sorprender también al lector.

Pregunta

En tus historias el ambiente tiene mucho peso. No es solo el lugar donde ocurren las cosas; muchas veces parece un personaje más. ¿Cómo construyes esas atmósferas? ¿Partes de lugares reales, de recuerdos o de imágenes que aparecen mientras escribes?

Fran:

Para mí, la ambientación es uno de los pilares fundamentales de cualquier historia, especialmente del terror. Cuando leo una novela y apenas puedo imaginar el lugar donde transcurre la acción, siento que me falta algo. Necesito que el escenario tenga vida, que respire y que forme parte de la historia. Por eso intento que, en mis relatos, el ambiente sea un personaje más. No quiero que el lector solo vea una casa, un bosque o una habitación; quiero que los sienta. Que note el frío de un pasillo, el silencio de un bosque o la incomodidad de una estancia donde parece que algo no encaja. La mayoría de las veces la ambientación nace mientras escribo. Algunas escenas están inspiradas en lugares reales o en recuerdos, pero casi siempre terminan transformándose para adaptarse a la historia. Es el propio relato el que me va pidiendo cómo debe ser ese escenario. Creo sinceramente que una buena ambientación es tan importante como unos buenos personajes. En el terror, muchas veces es el lugar el que empieza a susurrarle al lector que algo no va bien, mucho antes de que aparezca el verdadero horror.

Pregunta

El miedo suele estar relacionado con lo desconocido, pero en tus relatos también nace de cosas muy cercanas: una cama, un teléfono, una relación o una promesa. ¿Qué te inquieta más como escritor: aquello que no podemos ver o aquello que conocemos demasiado bien?

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Fran:

Lo tengo bastante claro: me inquieta mucho más aquello que no podemos ver. Ese instante en el que sientes que hay algo a tu alrededor, pero eres incapaz de saber qué es o dónde está. Para mí, ahí es donde nace el verdadero terror. Por eso me fascinan escenarios como una casa encantada. No por los sobresaltos, sino por la atmósfera. Ese silencio incómodo, una puerta que parece haberse movido sola, un pasillo demasiado oscuro o la sensación de que no estás realmente solo. Lo desconocido, aquello que no puedes ver pero sí sentir, siempre me ha parecido mucho más aterrador que cualquier monstruo. Dicho esto, también disfruto mucho del terror cotidiano. Me interesa especialmente cómo la tecnología, algo que forma parte de nuestra vida a todas horas, puede convertirse en una fuente de miedo. Un teléfono que vibra cuando no debería, un mensaje de alguien que ya no está o una llamada llena de estática en la que apenas se distinguen unos susurros… Son situaciones muy cercanas que, con un pequeño giro, pueden convertirse en auténticas pesadillas.

Al final, creo que el mejor terror es el que consigue que cierres el libro, mires a tu alrededor y, durante unos segundos, dudes de algo que hace un momento te parecía completamente normal.

Pregunta

Siempre Medianoche nació alrededor de los libros, pero con el tiempo se ha convertido también en un lugar de encuentro. ¿Qué ha significado para ti formar parte del club y compartir tus textos con una comunidad que los espera, los comenta y los hace suyos?

Fran:

¿Qué te voy a contar, María, que tú no sepas? Para mí, Siempre Medianoche es mucho más que un club de lectura. Es un hogar. Un lugar donde nos unen los libros, pero, sobre todo, las personas. Gracias al club he descubierto géneros que probablemente nunca habría leído por iniciativa propia, y eso demuestra que, a veces, lo más bonito de la lectura no es solo el libro, sino el camino que recorres junto a quienes lo comparten contigo. Lo que más valoro es la implicación de sus miembros. Esas personas que, semana tras semana, dejan un comentario sobre la lectura conjunta, comparten su opinión sobre un relato o simplemente entran a decir «buenos días». Puede parecer un gesto pequeño, pero son esos detalles los que hacen que el club tenga vida y que cada día sea un poco más especial. Y, si me permites, me gustaría aprovechar esta entrevista para darles las gracias. Gracias a todas las personas que han confiado una vez más en este proyecto, por dedicar parte de su tiempo a leer con nosotros, por participar, por debatir y por hacer de Siempre Medianoche un lugar tan especial. Al final, los libros fueron el punto de partida. Pero lo que realmente hemos construido entre todos es una pequeña familia. Y eso tiene un valor que va mucho más allá de cualquier historia que pueda escribir.

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Pregunta

Cuando alguien publica un relato, deja una parte de sí mismo al alcance de los demás, incluso cuando escribe ficción. ¿Te cuesta mostrar lo que escribes o has aprendido a convivir con esa sensación de exposición?

Fran:

Creo que depende mucho del relato. Hay historias en las que me limito a contar una ficción y otras en las que, aunque el lector no lo perciba a simple vista, dejo una parte de mí entre sus páginas. Relatos como Un verano más, El poder de lo invisible o El eco de tu piel tienen una carga muy personal. En ellos hay emociones, vivencias y sentimientos que nacen de mí. Quizá no todo ocurrió exactamente como está escrito, porque al final siempre hay ficción, pero sí contienen una parte de quien soy. En cambio, otros relatos como 3:17 A.M., La letra pequeña o El inquilino silencioso surgieron desde otro lugar. En ellos me divertí construyendo la historia, buscando sorprender al lector y creando una atmósfera especial, pero sin esa necesidad de hablar de mí. Al principio sí daba un poco de vértigo compartir lo que escribía. Cuando publicas un relato siempre existe la sensación de que estás dejando una pequeña parte de ti al alcance de los demás. Con el tiempo he aprendido a convivir con esa exposición y, sobre todo, a disfrutarla. Creo que escribir también es un acto de confianza: confías en que alguien, al otro lado, conecte con tu historia y encuentre en ella algo que le emocione, le haga pensar o simplemente le acompañe durante unos minutos.

Pregunta

¿Hay algún personaje tuyo al que te haya costado despedir o alguna historia a la que sigas regresando, aunque la consideres terminada?

Fran:

Creo que María sabe perfectamente cuál va a ser mi respuesta. El personaje al que más me ha costado despedir es, sin duda, Javier, el protagonista de Confesiones. Disfruté muchísimo construyéndolo. Tiene una personalidad muy marcada y escribir desde su punto de vista fue una experiencia diferente y muy divertida. De hecho, yo estaba convencido de que su historia había terminado… hasta que alguien —no voy a decir nombres, María— empezó a insistir con eso de Confesiones 2. Desde entonces, no he conseguido despedirme del todo de él. Y eso es algo curioso que tiene la escritura. Hay personajes que cumplen su función y se marchan para siempre, pero otros se quedan rondando por tu cabeza durante mucho tiempo, esperando la oportunidad de volver. Javier es uno de ellos.

No sé si algún día regresará o no, pero sí puedo decir que nunca he dejado de pensar en él. Y, quién sabe, quizá algún día vuelva a sentarse delante del lector para hacer una nueva confesión.

Pregunta

Si tuvieras que elegir uno de tus relatos para presentarte ante alguien que nunca te ha leído, ¿cuál escogerías y por qué?

Fran:

Tengo que reconocer que esta es, probablemente, la pregunta más difícil de toda la entrevista. No creo que pudiera elegir un único relato. Cada historia representa una parte diferente de mí y de mi forma de entender la escritura. Por eso, antes de recomendar uno, creo que le preguntaría a esa persona qué tipo de historias le gustan. En función de su respuesta, le diría por cuál empezar. Si busca terror más psicológico, elegiría uno. Si prefiere una historia más emocional, le recomendaría otra. Y si lo que quiere es una lectura con un toque más clásico o más sobrenatural, también tendría una opción distinta. Pero, siendo completamente sincero, creo que cualquiera de los relatos que hemos mencionado durante esta entrevista serviría para conocerme como escritor. Todos tienen algo en común: la importancia de la atmósfera, el gusto por lo cotidiano que se vuelve inquietante y esa intención de intentar provocar una emoción en el lector, ya sea miedo, nostalgia, tristeza o esperanza.

Pregunta

Antes de terminar, tengo que preguntarte por lo que estamos preparando. La gente del club sabe que hay algo en marcha, aunque todavía no hemos contado qué es. ¿Puedes darnos alguna pista sin desvelar el secreto?

Fran:

¡Sabía que esta pregunta iba a llegar! Podemos decir… sin decir demasiado, que tiene mucho que ver con nuestros relatos. Tanto con los de María Ultreia como con los míos. Es un proyecto al que le estamos poniendo muchísima ilusión y muchas horas de trabajo, y creemos que os va a sorprender. Lo que sí puedo asegurar es que los miembros de Siempre Medianoche serán los primeros en conocer todos los detalles. Lo hemos dicho muchas veces y no nos cansaremos de repetirlo: quienes forman parte del club son muy importantes para nosotros. Han estado ahí desde el principio, apoyando cada idea, cada lectura y cada relato, y queríamos que fueran ellos quienes recibieran esa confianza antes que nadie. De momento tendréis que seguir teniendo un poco de paciencia. A veces, los mejores secretos necesitan permanecer un poco más en la oscuridad. Y, para terminar, solo me queda darte las gracias, María, por esta entrevista. Ha sido un auténtico placer responder a tus preguntas y compartir un poquito más de todo lo que hay detrás de mis historias. Espero que los lectores hayan disfrutado de este pequeño viaje tanto como yo. Quiero darte las gracias una vez más por estar siempre ahí, por ese apoyo que me brindas día a día y por esos momentos de charla en los que empezamos hablando de libros y acabamos intentando arreglar el mundo. Son conversaciones que valoro muchísimo y que, de una forma u otra, también forman parte de todo lo que escribo. Una vez más, gracias por todo…jefa.

Nosotros seguiremos guardándolo un poco más. Mientras tanto, podéis dejar vuestras teorías en los comentarios. Algunas historias empiezan mucho antes de que sepamos cómo contarlas.

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Nota editorial: Esta conversación ha sido editada para facilitar su lectura, respetando el sentido de las respuestas. Las opiniones expresadas corresponden a sus respectivos autores.

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4 ideas sobre “Charla de medianoche con Fran”

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