Continuación del universo gótico de Las vidrieras rojas.En Encaje Marchito, la luz roja de aquellas vidrieras vuelve a filtrarse en una casa heredada, donde una profesora de yoga descubre que el aire también puede poseer. Un relato gótico urbano de belleza decadente, respiración y encaje. Las vidrieras han vuelto a respirar. Capítulo III. La combustión. | Relato gótico urbano El estudio duerme.Las velas se han convertido en charcos de cera endurecida; el aire huele a incienso viejo, sudor y un perfume dulzón que se aferra a las paredes.Me tumbo sobre la esterilla.Solo un minuto, pienso. Un minuto para vaciarme. El sueño llega sin aviso.No sueño nada: sólo oigo una respiración profunda, que no es la mía, subiendo desde el suelo.La casa entera respira. Despierto.El aire está caliente.La luz de las vidrieras se ha vuelto roja y espesa, como sangre que gotea sobre las baldosas.Intento incorporarme, pero algo me oprime el pecho. El vestido. Está sobre mí.El encaje, húmedo y tibio, me cubre hasta el cuello.Tiro de él, desesperada, pero la tela no cede: se amolda, se tensa, late conmigo.Cada movimiento la despierta más. El olor del incienso se mezcla con otro más fuerte: hierro, flores podridas… y humo.¿Humo? Me vuelvo […]
Encaje marchito
Continuación del universo gótico de Las vidrieras rojas.En Encaje Marchito, la luz roja de aquellas vidrieras vuelve a filtrarse en una casa heredada, donde una profesora de yoga descubre que el aire también puede poseer. Un relato gótico urbano de belleza decadente, respiración y encaje. Las vidrieras han vuelto a respirar. Capítulo II. La respiración ajena. | Relato gótico urbano Siempre me gustó el color rojo.No el rojo brillante de los labios, sino el otro: el que vibra bajo la piel, el que parece tener pulso.Mi nombre no siempre fue este.Me lo puse en un viaje a la India, hace casi diez años, cuando creí que cambiar de nombre sería una forma de cambiar de cuerpo.Allí, entre templos, polvo y humo, alguien me llamó “Alma” durante una meditación.Me gustó cómo sonaba: breve, limpio, como una respiración.Y lo adopté, sin pensar demasiado.Con el tiempo entendí que un nombre también puede ser una puerta. Mi hermana Ángela dice que el rojo me obsesiona.Ella siempre ha sido de blancos: ropa blanca, paredes blancas, pensamientos blancos.Dice que el blanco limpia.Yo creo que el rojo recuerda. Quizá por eso me hice profesora de yoga: no para alcanzar la calma, sino para contener algo que nunca […]
Continuación del universo gótico de Las vidrieras rojas. Capítulo I. El hallazgo. | Relato gótico urbano Lo encontré por azar, en la tienda de segunda mano de mi hermana Ángela. Ella siempre decía que aquel lugar era un santuario de telas olvidadas, un cementerio delicado donde cada prenda esperaba su resurrección. Para mí, en cambio, el local siempre había olido a polvo húmedo, a madera hinchada por la humedad, a tejidos que guardaban la respiración de quienes los habían llevado antes. Allí estaba él: un vestido de encaje blanco, colgado como un espectro luminoso entre abrigos grises y vestidos apagados. No parecía usado, y sin embargo irradiaba un cansancio antiguo, como si hubiera atravesado demasiadas vidas en silencio. Desde niña, el encaje me había fascinado. Había algo en esos hilos finísimos, en su transparencia tramada, que me hacía sentir distinta, secreta, especial. Yo no pensaba casarme, nunca lo había imaginado, y aun así, frente a aquel vestido, me descubrí incapaz de resistirme. Ángela lo señaló con una sonrisa, y yo lo tomé en mis manos, obedeciendo a una atracción muda. Al regresar a casa, el vestido pesaba más de lo que debería. Mi piso estaba en un bloque de los […]