Continuación del universo gótico de Las vidrieras rojas.En Encaje Marchito, la luz roja de aquellas vidrieras vuelve a filtrarse en una casa heredada, donde una profesora de yoga descubre que el aire también puede poseer. Un relato gótico urbano de belleza decadente, respiración y encaje. Las vidrieras han vuelto a respirar. Capítulo II. La respiración ajena. | Relato gótico urbano Siempre me gustó el color rojo.No el rojo brillante de los labios, sino el otro: el que vibra bajo la piel, el que parece tener pulso.Mi nombre no siempre fue este.Me lo puse en un viaje a la India, hace casi diez años, cuando creí que cambiar de nombre sería una forma de cambiar de cuerpo.Allí, entre templos, polvo y humo, alguien me llamó “Alma” durante una meditación.Me gustó cómo sonaba: breve, limpio, como una respiración.Y lo adopté, sin pensar demasiado.Con el tiempo entendí que un nombre también puede ser una puerta. Mi hermana Ángela dice que el rojo me obsesiona.Ella siempre ha sido de blancos: ropa blanca, paredes blancas, pensamientos blancos.Dice que el blanco limpia.Yo creo que el rojo recuerda. Quizá por eso me hice profesora de yoga: no para alcanzar la calma, sino para contener algo que nunca […]
#yogaoscuro
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