Reseña personal sobre creer en lo imposible
En esta reseña personal sobre fantasía, reflexiono entre Big Fish, Momo y El aliento de los dioses. Brandon Sanderson, Tim Burton y la magia cotidiana me recuerdan que la fantasía sigue siendo un género imprescindible.
¿A mí no me gusta la fantasía?
Durante años he repetido que no me gusta la fantasía. Que prefiero las historias realistas, los personajes que podrían cruzarse conmigo en cualquier esquina, las tramas que no necesitan dragones ni magia para conmover. Pero luego miro lo que me emociona y me doy cuenta de que no es verdad.
Mi película favorita es Big Fish, que retrata como nadie esa confrontación entre lo que una cree admitir de la fantasía y ese amor paternal que la sostiene. Amo Eduardo Manostijeras, con su melancolía delicada y su ternura imposible. En los libros, Momo me enseñó a escuchar el tiempo, y La historia interminable me recordó que la imaginación también puede doler.
Hace poco leí El aliento de los dioses, de Brandon Sanderson, y tuve que rendirme: Sanderson escribe como quien respira otros mundos. Crea universos tan vivos que casi se sienten reales. Y admiro profundamente a quienes leen fantasía con devoción, capaces de guardar en su cabeza mundos enteros, con sus lenguas, sus dioses y sus leyes.
Quizá me obligué a poner los pies en la tierra demasiado pronto.
Quizá no es que no me guste la fantasía; quizá lo que pasa es que me gusta más de lo que estoy dispuesta a admitir.
Y, bueno, Tim Burton es mi director favorito. A la vista está. Hay algo en su mirada —oscura, tierna, excéntrica— que me reconcilia con lo imposible. También me emociono cada vez que vuelve Regreso al futuro con su mezcla perfecta de humor, ingenio y nostalgia. Pero sobre todo, no puedo evitar estremecerme cuando suena la banda sonora de Indiana Jones: esas primeras notas me devuelven a una época en la que creía que todo era posible, que las aventuras esperaban a la vuelta de la esquina y que el mundo —mi mundo— aún estaba por descubrir.
Supongo que, en el fondo, sigo buscando esa sensación: la de mirar lo cotidiano con la esperanza de que, en cualquier momento, algo extraordinario puede suceder.
La fantasía nos da la oportunidad de creer que todo es posible. Y quién no querría un mundo así?
¿Y vosotras, personas lectoras?
¿También pensabais que no os gustaba la fantasía… hasta que un libro o una película os hizo creer en lo imposible?
2 ideas sobre “¿A mí no me gusta la fantasía?”
Hola, María, creo que pasamos por fases en nuestra vida lectora. Nadie puede negar que de pequeños leemos muchísima fantasía. La gran mayoría de los libros infantiles son así. A medida que crecemos nos podemos alejar de esa ilusión, incluso, mirarla con condescendencia, para más tarde, quizá, volver a ella.
En mi caso, al crecer, fui introduciendo clásicos y novela histórica, pero recuerdo un momento de inflexión y fue ver el inicio de la película de animación de El señor de los anillos de 1978. Solo pude ver una parte, porque fue durante un viaje en autobús de una hora, pero fue suficiente para meterme el gusanillo de conocer por completo esa historia. Me leí los libros y fueron saliendo las películas de Peter Jackson en los cines.
Desde entonces, he ido incluyendo la fantasía más y más en mis lecturas, desbancando a otros géneros.
A veces es injusto el menosprecio que sufren estás historias, porque ellas también tratan temas profundos.
Un abrazo.
Hola, Olatz ❤️
Tienes mucha razón: nuestras lecturas van cambiando con nosotros, pero la fantasía siempre encuentra la manera de volver a tocarnos el corazón. Qué bonito ese instante en el autobús que te abrió la puerta a El Señor de los Anillos y a un género que te acompaña desde entonces.
A veces se olvida cuánto pueden decir estas historias… gracias por recordarlo con tanta ternura.
Un abrazo enorme 😘