El vestido rosa de estrellas
Vivimos rodeados de prisa, de cifras, de cosas que parecen urgentes, de días que pasan sin preguntar demasiado cómo estamos, como si todo consistiera en llegar, resolver, cumplir y seguir adelante.
Y, aun así, el ser humano sigue ahí.
Está en una mano que busca otra mano, en una risa que aligera una tarde difícil, en el cariño que permanece aunque la vida cambie de ritmo y ya no podamos vernos tanto como antes.
Está en ti.
Recuerdo cuando llegaste a mi vida, en una época en la que yo tenía demasiadas cosas entre las manos. Apareciste con tu dulzura, con tu buen hacer y con esa manera tan tuya de prestar atención hasta al detalle más pequeño.
Confié en ti desde el primer día.
Tú siempre has dudado mucho. Has vuelto una y otra vez sobre las cosas, preguntándote si estaban bien, si faltaba algo, si podrías haber hecho más. Pero detrás de cada duda estaba tu deseo de cuidar, de no fallar, de procurar que quienes estaban cerca de ti se sintieran bien.
Y muchas veces acabábamos riéndonos precisamente por eso. Por los nervios, por los días que parecían empeñados en complicarse, por esa risa que aparecía cuando ya no sabíamos qué otra cosa hacer. A veces bastaba una mirada.
Quizá nunca te dije cuánto significaron para mí aquellos días.
No siempre he sabido explicar bien lo que siento. Tal vez por eso no sabes cuánto te quiero. Dejamos de compartir la vida con la misma frecuencia y cada una siguió su camino, pero hay afectos que no necesitan conversación diaria para seguir intactos.
El mío por ti se quedó.
A veces te imagino con tu vestido rosa de estrellas.
Te imagino sonriendo, contenta, con esa luz tranquila que llevas contigo sin darte cuenta. Pienso también en el concierto al que fuimos las dos solas, en la música, en las luces y en la sensación de estar compartiendo algo que era solo nuestro.
Para cualquiera pudo ser una noche más.
Para mí no lo fue.
Fue una de esas noches que permanecen encendidas mucho después de que termine la última canción.
Cuando pienso en ti, pienso en tu esfuerzo, en tu bondad y en todas las veces que has estado pendiente de los demás sin hacer ruido. Pienso también en lo poco que te gusta reconocer tus propias virtudes, en la facilidad con la que restas importancia a todo lo bueno que haces.
Por eso hoy no quiero darte consejos.
Solo quiero dejar por escrito algo que quizá no te he dicho suficiente.
Tu valor nunca ha dependido de que todo salga bien.
Nunca ha dependido de cuánto ayudas, de cuánto haces o de cuántas cosas consigues sostener.
Quienes te queremos no estamos cerca de ti por lo que resuelves.
Estamos por ti.
Por tu dulzura.
Por tu lealtad.
Por las risas compartidas.
Por los recuerdos que has dejado sin darte cuenta.
Por esa manera tuya de hacer que una persona se sienta acompañada.
Tal vez algún día consigas verte con un poco de la ternura con la que te vemos los demás. Y, si ese día tarda en llegar, aquí estaremos para recordártelo sin prisas.
Hoy es tu cumpleaños.
Y me gusta pensar que todavía nos quedan muchos planes pendientes, más conciertos, más tardes juntas, más risas nacidas de los nervios y más momentos de esos que parecen pequeños mientras ocurren y después se vuelven inolvidables.
Me gusta imaginarte otra vez con tu vestido rosa de estrellas.
Sonriendo.
Disfrutando.
Siendo tú, sin tener que demostrar nada.
4 ideas sobre “El vestido rosa de estrellas”
Homenaje espectacular a una amistad. Sin conocerla, ya siento que esa persona ilumina las vidas que toca. Enhorabuena por esa bonita relación. Cuidaos mucho mutuamente. Un abrazo. ❤️
Muchísimas gracias por tus palabras. Ella es, sin duda, una de esas personas que iluminan la vida de quienes tienen la suerte de conocerla. Nuestra amistad es un regalo que intento cuidar, y me emociona haber podido rendirle este pequeño homenaje. Un abrazo enorme. ❤️
Una carta muy dulce. Donde se refleja ciertanente a esas personas que dejan huella aunque la misma persona no lo sepa. Como suelen decir son personas vitaminas. Y a mi la primera vez que me dijeron este término, si lo analizas es realmente así.
Muchísimas gracias. Me encanta ese término, «persona vitamina», porque define muy bien a quienes, muchas veces sin ser conscientes de ello, nos llenan de luz, nos hacen bien y dejan una huella preciosa en nuestra vida. Ella es, sin duda, una de esas personas. Un abrazo. ❤️