Aviso: Si no has cruzado el puente de Elizondo con Amaia, para aquí. Esta reseña tiene spoilers y remueve secretos de los Salazar que es mejor descubrir a solas. Hay libros que terminas, cierras y dejas en la estantería. Pero con Dolores Redondo me pasó algo distinto: tardé días en salir del Baztán. No es solo que escriba buena novela negra, es que construye un lugar tan denso que cuando levantabas la vista del libro casi esperabas oler lluvia. Lo que más me llegó de la saga no fueron los crímenes sino la gente que sostiene a Amaia. La tía Engrasi es el corazón de todo. Hay algo en ese personaje, ese faro que te espera con café y te lee sin que abras la boca, que te hace desearla de verdad. No como personaje: como persona. James y el pequeño Ibai funcionan como contrapeso cuando la trama aprieta demasiado. No son decorado, son el recordatorio de que hay un sitio al que volver. Y luego están las sombras, que en estos libros son largas de verdad. Flora me generó una mezcla rara de rabia y pena: esa envidia que le carcome por dentro, el resentimiento de quien se quedó […]
Autores que me habitan
A veces me paro delante de la biblioteca y me doy cuenta de que algunos libros ya no son solo libros. Están pegados a una época de mi vida, a una conversación, a una persona. Con Barbara Wood me pasa eso. Conocí a Barbara Wood hace más de veinte años con La casa maldita. No recuerdo exactamente cómo llegó a mis manos, pero sé que desde la primera página algo encajó. Poco después llegó Bajo el sol de Kenia, y me pareció tan extraordinario que no pude guardármelo: se lo recomendé a mi madre. A ella también la atrapó por completo. Fue una de mis primeras sagas familiares, de esas que enseñan que una novela puede contener un siglo entero, dos familias y una maldición que las atraviesa. Bajo el sol de Kenia no es una simple mirada nostálgica al África de 1918; es la voz de Wachera —guardiana de una sabiduría ancestral que ningún colono puede comprar ni destruir— enfrentada durante tres generaciones a los Treverton y su imperio cafetero. Me fascina la manera en que la autora trenza esos dos mundos. Y la Kenia que se despliega en cada página: los paisajes de la meseta, las plantaciones, la […]
Un homenaje a Sophie Kinsella y a Loca por las compras. Por qué el chick lit no es un placer culpable, sino un refugio necesario, y cómo Rebecca Bloomwood nos enseñó a reírnos de nuestro propio caos. Cómo llegó Rebecca a mi vida Conocí a Sophie Kinsella como casi todo el mundo: persiguiendo a una chica con una bufanda verde. Me acuerdo perfectamente de esa época. Necesitaba libros que no me juzgaran, lecturas que funcionaran como un interruptor para apagar el ruido mental. Y ahí estaba Loca por las compras. No me encontré con alta literatura, pero sí con algo que a veces es más difícil de conseguir: pura complicidad. Luego llegó la película, Confesiones de una compradora compulsiva, y fue ponerle cara al desastre. Ver a Isla Fisher peleándose con maniquíes confirmó lo que ya sentía al pasar las páginas: Rebecca Bloomwood era exagerada y caótica, sí, pero terriblemente entrañable. Con los años mis estanterías se han llenado de otros géneros, voces más complejas y dramas más densos. Pero Sophie Kinsella siempre se quedó con una etiqueta especial en mi memoria: el placer de leer sin culpa. La magia (y la trampa) del Chick Lit Durante años, al chick […]