Un homenaje a Sophie Kinsella y a Loca por las compras. Por qué el chick lit no es un placer culpable, sino un refugio necesario, y cómo Rebecca Bloomwood nos enseñó a reírnos de nuestro propio caos. Cómo llegó Rebecca a mi vida Conocí a Sophie Kinsella como casi todo el mundo: persiguiendo a una chica con una bufanda verde. Me acuerdo perfectamente de esa época. Necesitaba libros que no me juzgaran, lecturas que funcionaran como un interruptor para apagar el ruido mental. Y ahí estaba Loca por las compras. No me encontré con alta literatura, pero sí con algo que a veces es más difícil de conseguir: pura complicidad. Luego llegó la película, Confesiones de una compradora compulsiva, y fue ponerle cara al desastre. Ver a Isla Fisher peleándose con maniquíes confirmó lo que ya sentía al pasar las páginas: Rebecca Bloomwood era exagerada y caótica, sí, pero terriblemente entrañable. Con los años mis estanterías se han llenado de otros géneros, voces más complejas y dramas más densos. Pero Sophie Kinsella siempre se quedó con una etiqueta especial en mi memoria: el placer de leer sin culpa. La magia (y la trampa) del Chick Lit Durante años, al chick […]
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