Charla de medianoche con Fran Café, libros y algún secreto Por María Ultreia Esta es la primera entrevista que publico y no podía empezar con otra persona. Fran es mi amigo y compañero en Siempre Medianoche y una de esas personas con las que una conversación puede empezar hablando de un libro y terminar, varias horas después, en un audio imposible de resumir. Entrevistarle me resulta fácil y difícil al mismo tiempo. Fácil, porque conozco sus historias, hemos hablado mucho de libros y sé de dónde nacen algunas de sus obsesiones. Difícil, porque cuando existe tanta confianza no siempre es sencillo encontrar preguntas que no hayan aparecido ya en alguna conversación. No quería preparar un cuestionario frío ni demasiado formal. Preferí volver a sus relatos, detenerme en lo que me había inquietado, emocionado o sorprendido y preguntarle por todo aquello que queda fuera de la página. También hablamos de Siempre Medianoche y de un proyecto que llevamos un tiempo preparando, aunque todavía no podamos contar demasiado. Esta es nuestra charla. Pregunta Parece que fue ayer cuando empezamos con el club de lectura y, sin embargo, han pasado muchas cosas desde entonces. Ahora estamos preparando algo nuevo, aunque todavía no podamos […]
#Literatura
El balcón no es alto cuando lo miro ahora, o quizá sí, pero la altura no se mide en metros sino en esa inclinación de la luz que cae y no se va, que se demora como si supiera que aquí se la espera, que aquí nadie le exige avanzar, que puede apoyarse en la barandilla con la misma confianza con la que yo dejo caer los codos, tibios, un poco húmedos todavía, y dejo que el sol haga ese trabajo lento, casi obstinado, sobre la piel, como si nombrara sin palabras que estoy, que sigo estando, incluso en esta forma incompleta en la que tú ya no estás, no como antes, no con esa voz tuya que apenas era sonido y ya bastaba, ese hilo bajo que no decía nada y lo decía todo. El libro —uno de esos del oeste, de Marcial Lafuente Estefanía— permanece abierto sobre unas rodillas que no sé si son tuyas o mías o de alguien que solo existe cuando cierro un poco los ojos, lo justo para que la luz deje de ser precisa y empiece a parecerse a un recuerdo, y entonces aparece el papel amarillento, la letra apretada, tu dedo siguiendo […]
¿Por qué a veces el éxito no se siente como una victoria? En este breve relato, Virginia Woolf disecciona la obsesión por el estatus y esa extraña sed de aprobación que el dinero no logra calmar. El nudo en el estómago al entrar en la fiesta ¿Te ha pasado alguna vez? Estás en un sitio increíble. Todo es perfecto. La gente parece moverse con una naturalidad que da envidia. Y sin embargo tienes la sensación de que, si haces algo raro, alguien se dará cuenta de que tú no “vienes de serie” con ese mundo. Es una incomodidad pequeña, casi absurda, pero muy real. Esa grieta entre tenerlo todo y sentir que no eres nadie está en el centro de La duquesa y el joyero, un cuento corto donde Woolf observa algo muy humano: la necesidad de que alguien, a quien consideramos superior, nos mire y nos apruebe. De qué va la historia (sin spoilers) El protagonista es Oliver Bacon. Empezó desde abajo y ahora es el joyero más rico y respetado. Tiene dinero. Tiene prestigio. Tiene clientes importantes. Pero cuando una duquesa —alguien que nació en ese mundo al que él tanto quiere pertenecer— entra en su tienda, la […]
No hubo gritos ni descorche de botellas. El salón se quedó de pronto en uno de esos silencios espesos, casi sagrados, que solo aparecen cuando la vida decide dejar de golpearte por un momento y te concede una tregua. Se miraron entre ellos con una incredulidad pesada. Ya no tenían que correr. Ya no tenían que esconderse. Estaban eufóricos, sí, pero era una euforia cansada, la de quien acaba de soltar una piedra que ha cargado durante años. Y yo, que solo estaba allí como testigo de paso, sentí que el nudo en la garganta también era mío. El peso del cielo recuperado Vi a la madre acariciar el borde de la mesa como si por fin le perteneciera. Vi al hijo mirar por la ventana un cielo que, de repente, ya no era prestado. Podían quedarse. Pero en sus ojos, bajo el brillo del alivio, habitaba una sombra: el recuerdo de los que se quedaron al otro lado del mapa, apretando el pecho como una cuenta pendiente que nunca se termina de pagar. En ese instante, me dolió España. No la España de postal, sino la de los trenes de madera y las maletas de cartón atadas con cuerda […]
Queridas hijas, Hoy, mientras la tarde cae lenta y la casa guarda ese silencio cómodo de las cosas bien vividas, me viene a la mente un hombre que bien podría ser un personaje de novela, aunque él nunca lo pretenda. Es un hombre de ahora, de carne y hueso, que camina por estos días nuestros, y que, sin buscarlo, enseña con cada gesto. Es un hombre que nunca está quieto. Parece que lleva en sus pies la urgencia de quienes saben que el mundo es demasiado vasto para quedarse en un solo lugar. Le imagino, como tantas veces, con sus hijos en el coche, la ventanilla bajada, y en el radiocasete suena Mike Oldfield, las notas de Tubular Bells flotando en el aire, mientras recorren carreteras secundarias rumbo a la estación, para ver cómo los trenes parten con su estruendo habitual, o buscando un descampado desde donde observar cómo los aviones cortan el cielo. Lo curioso es que, pese a moverse siempre, nunca parece agotarse. Siempre tiene algo entre manos, algo nuevo por aprender, algo por construir, sin esperar que nadie venga a enseñárselo. Es, en esencia, autodidacta: de los que encuentran respuestas en los libros, en el trabajo bien […]
Querid@ amig@: Hoy me vas a permitir que tome prestada, aunque sea un instante, la voz de Fermín Romero de Torres, ese personaje inolvidable de El Cementerio de los Libros Olvidados que tanto sabía de pérdidas, supervivencias y dignidad. Fermín, con su forma tan suya de mirar la vida, entendía mejor que nadie que incluso en medio del dolor puede quedar espacio para una sonrisa torcida, una palabra certera y un poco de luz. Creo que él te diría algo parecido a esto: que uno nunca deja del todo a quienes ama, ni ellos nos dejan del todo a nosotros. Que lo aprendido de un padre no desaparece con su ausencia. Se queda en la casa, en la memoria, en los gestos que repetimos sin darnos cuenta, en ciertas frases, en la manera de mirar el mundo. Hay heridas que no se ven, pero que nos cambian para siempre. Cicatrices del alma que marcan un antes y un después. Y aunque ninguna palabra pueda quitar el dolor, a veces sí puede acompañarlo un poco, hacerlo menos frío, menos solitario. Hoy, más allá de cualquier personaje o de cualquier libro, quiero hablarte desde mí: te entiendo. Entiendo ese hueco extraño que […]