Charla de medianoche con Fran Café, libros y algún secreto Por María Ultreia Esta es la primera entrevista que publico y no podía empezar con otra persona. Fran es mi amigo y compañero en Siempre Medianoche y una de esas personas con las que una conversación puede empezar hablando de un libro y terminar, varias horas después, en un audio imposible de resumir. Entrevistarle me resulta fácil y difícil al mismo tiempo. Fácil, porque conozco sus historias, hemos hablado mucho de libros y sé de dónde nacen algunas de sus obsesiones. Difícil, porque cuando existe tanta confianza no siempre es sencillo encontrar preguntas que no hayan aparecido ya en alguna conversación. No quería preparar un cuestionario frío ni demasiado formal. Preferí volver a sus relatos, detenerme en lo que me había inquietado, emocionado o sorprendido y preguntarle por todo aquello que queda fuera de la página. También hablamos de Siempre Medianoche y de un proyecto que llevamos un tiempo preparando, aunque todavía no podamos contar demasiado. Esta es nuestra charla. Pregunta Parece que fue ayer cuando empezamos con el club de lectura y, sin embargo, han pasado muchas cosas desde entonces. Ahora estamos preparando algo nuevo, aunque todavía no podamos […]
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Para mí, Los miserables es la mejor novela que se ha escrito jamás. Lo digo así, sin demasiada prudencia y sin pedir perdón por la exageración, porque no me sale sentirlo de otra manera. Esta ha sido la segunda vez que me he sumergido en sus páginas, pero esta lectura ha tenido algo distinto: no la he leído sola. La he leído con grandes amigos. Y aunque leer siempre tenga algo de íntimo y solitario, compartir este libro de Victor Hugo lo ha cambiado todo. Esto no es una reseña escolar ni el típico texto académico. Es más bien el registro de un pedazo de vida compartida: mis impresiones, mis heridas, pero también algo de nuestras charlas, de los audios cruzados y de esos silencios raros que se te quedan en el cuerpo después de cerrar ciertos capítulos. Una novela que te atraviesa Si uno busca un resumen de Los miserables, la trama se suele reducir a la persecución implacable del inspector Javert sobre el exconvicto Jean Valjean. Pero la novela va muchísimo más allá de un argumento policial. El libro es, en realidad, una discusión a tumba abierta sobre la pobreza, la desigualdad, la culpa, el perdón y la […]
El aire en la bodega subterránea de Santa Marina olía a roble viejo, a humedad encerrada y a ese rastro agrio que deja el vino cuando se evapora en la sombra. Joan se apoyó en el muro de piedra oscura. La bodega se había vuelto demasiado silenciosa. Hacía meses que el Sr. Pau se había ido con el frío de enero, pero Joan todavía esperaba oír el golpe seco de las tijeras de podar sobre la mesa, o aquella voz áspera que aparecía siempre detrás de su espalda. —Así no, “noi”. Si cortas con miedo, la cepa lo nota. Lo había dicho mil veces. Y mil veces Joan había fingido no escucharlo. Sobre la repisa de madera, la botella seguía allí, sepultada bajo una capa gris de polvo: una Garnacha de 1945. Su maestro le había prometido que la abrirían al acabar la vendimia. No dijo de qué año. Pau era así. Dejaba las promesas en el aire, como si el tiempo fuera cosa de otros. Joan estiró el brazo. La mano avanzó decidida, pero, a unos centímetros del vidrio frío, los dedos se le quedaron quietos. Llevaba toda la semana bajando a la bodega para lo mismo, y toda […]
¿Por qué a veces el éxito no se siente como una victoria? En este breve relato, Virginia Woolf disecciona la obsesión por el estatus y esa extraña sed de aprobación que el dinero no logra calmar. El nudo en el estómago al entrar en la fiesta ¿Te ha pasado alguna vez? Estás en un sitio increíble. Todo es perfecto. La gente parece moverse con una naturalidad que da envidia. Y sin embargo tienes la sensación de que, si haces algo raro, alguien se dará cuenta de que tú no “vienes de serie” con ese mundo. Es una incomodidad pequeña, casi absurda, pero muy real. Esa grieta entre tenerlo todo y sentir que no eres nadie está en el centro de La duquesa y el joyero, un cuento corto donde Woolf observa algo muy humano: la necesidad de que alguien, a quien consideramos superior, nos mire y nos apruebe. De qué va la historia (sin spoilers) El protagonista es Oliver Bacon. Empezó desde abajo y ahora es el joyero más rico y respetado. Tiene dinero. Tiene prestigio. Tiene clientes importantes. Pero cuando una duquesa —alguien que nació en ese mundo al que él tanto quiere pertenecer— entra en su tienda, la […]
Vuelo 7421: Destino Improvisado El móvil vibró sobre la mesa de centro con ese zumbido insistente y feo que nunca trae buenas noticias en festivo. A su lado, Ron, que dormitaba panza arriba con la desvergüenza de quien no paga alquiler, apenas abrió un ojo. Pedro, en cambio, sintió el pitido directamente en el estómago. Al leer la pantalla, el aire de la habitación pareció volverse más frío.“Baja médica imprevista. Te activamos para el BCN–MEX. Presentación en T1 a las 16:40h. Lo sentimos.” Pedro dejó caer el teléfono sobre el sofá, como si quemara.—Cazzo —se le escapó, con ese deje italiano que se le había pegado de tanto escuchar a Marco maldecir cuando perdía la Fiorentina. Ron detectó el cambio de presión atmosférica. Se incorporó, sacudiéndose la pereza, y apoyó el hocico pesado sobre la rodilla de su humano. Pedro le rascó detrás de la oreja con desgana, sintiendo ya el peso del uniforme.—Lo siento, gordo. Papá Noel no viene este año. Papá Pedro se va a servir “pollo o pasta” a doce mil metros de altura mientras tú te quedas mirando la puerta. En Radio Ráfaga… El espíritu navideño murió de una hemorragia súbita en cuanto Marco leyó el […]
Aviso de Contenido Este relato contiene elementos de terror psicológico, sensaciones corporales intensas y atmósferas inquietantes.Si eres sensible a este tipo de contenido, léelo con precaución o siéntete libre de saltarlo. La canción no empieza; te cae encima. La primera nota revienta en el local y se me clava en el pecho, justo ahí donde duele cuando te falta el aire. Nada de ventanas abiertas ni brisas suaves; es un golpe seco. Supongo que estoy tan harta de aguantar el tipo que cualquier golpe me atraviesa. Entonces sale ella a la luz. Flaca, ojerosa, con una pinta de haber visto cosas que te quitarían el sueño. No sonríe, ni saluda, ni falta que hace. Abre la boca y el bar se calla de golpe. No es respeto, es instinto. La gente no baila, se inclina hacia el escenario como si algo los arrastrara. Hasta yo, que siempre estoy a la defensiva, siento que me pesan los párpados. A mi lado, la chica de la mandíbula torcida se ha quedado quieta. Demasiado quieta. Intenta decirme algo y solo le sale un ruido húmedo, pastoso. Antes de que pueda preguntar qué le pasa, la cantante suelta otra nota. Esta no golpea. Esta […]
Carta literaria para celebrar el cumpleaños de un escritor lector de Stoker, y agradecer a otro que acompaña desde las sombras. Una pieza íntima sobre amistad, escritura y lo invisible.
Capítulo 9: La revelación La luz roja filtrada por la vidriera lo teñía todo.Las sombras ya no eran solo de piedra.Y la sala, aún en calma, esperaba. La sala seguía en silencio, pero no era el mismo silencio de antes.Ahora latía.Se contraía.Esperaba. Alicia permanecía frente a la vidriera, el lazo rojo colgando a medio soltar,como una promesa que aún no se decidía a irse. Samuel no habló más.Pero seguía allí. Vivo.No como un recuerdo, sino como una llama suspendida en vidrio.Atrapado, pero consciente.Esperando ser liberado. Y aun así, ella dudaba. A veces sentía que algo en ella no le pertenecía del todo.Una voz antigua, una energía que no era suya pero vivía en ella,esperando su momento.Como si hubiese nacido para ser pasaje, no destino. Alicia no era una heroína.No como las de los cuentos.Era una hija que había olvidado demasiado y recordado tarde.Una niña que había aprendido a sentir antes que a entender.Una mujer que siempre había tenido miedo de tocar lo roto,por miedo a romperse también. Samuel no era solo el niño del banco ni el paciente 31.Había sido su reflejo.Su primer vínculo verdadero.Alguien que, incluso desde el silencio, le dio sentido cuando todo dolía demasiado. Les gustaba leer […]
Capítulo 8: El vidrio y la carne El aire del cementerio era espeso como un secreto enterrado.No frío.No húmedo.Cargado de cosas que se resistían a ser olvidadas. Había silencio, pero no paz.Los árboles desnudos temblaban sin viento.Las lápidas estaban cubiertas de líquenes viejos, como si el tiempo mismo se hubiese detenido a morir allí. Alicia caminaba entre tumbas agrietadas y nombres comidos por la piedra.Había estado en sitios abandonados, sí.Pero este lugar no estaba vacío:estaba saturado.De memoria.De espera.De algo que aún respiraba… bajo. El lazo rojo en su muñeca latía.No como adorno.Como pulso ajeno. Entre dos nichos vencidos por los años, el lazo se tensó.Tiró de ella con la urgencia de lo inevitable. Y entonces lo vio. Una estructura hundida en la tierra.Negra, rugosa, como un fragmento de noche mineralizada.Sin nombre.Sin flores.Solo ausencia acumulada. Una puerta de hierro oxidado.Y al centro, grabado con la crudeza de un símbolo ritual:el espiral del lazo. Idéntico al suyo. Alicia alzó la mano.El metal vibró bajo su palma.Tibio.Como si recordara su tacto. Empujó. Sin chirrido.Sin crujido. Solo un sonido húmedo.Un suspiro espeso.Como si algo dentro hubiera esperado siglos para ser tocado de nuevo. El mausoleo la recibió con un aire detenido.No denso.No frío.Simplemente… sin […]
Capítulo 7: El sendero de los ecos ¿Quieres escuchar este capítulo en voz alta? Puedes activar la lectura en voz alta directamente desde tu navegador: En móvil (Chrome o Safari): pulsa en los tres puntos del menú y busca «Escuchar esta página» o «Leer en voz alta». En ordenador: haz clic derecho desde tu navegador Edge y selecciona «Leer en voz alta» o usa extensiones como Read Aloud en Chrome o Edge. Disfruta Las Vidrieras Rojas como si fuera un audiolibro . El túnel respiraba. Alicia sentía cómo las paredes se hinchaban y contraían en un ritmo antiguo, como si la tierra misma conservara un corazón latente.El lazo rojo en su muñeca parecía sincronizarse con ese pulso, vibrando leve pero constante. Dio un paso. El crujido bajo su bota resonó en el pasadizo, y por un instante, juraría haber escuchado otro paso detrás del suyo.No se giró.Sabía —sin saber cómo— que mirar sería peor. El aire era denso, saturado de humedad vieja, óxido, descomposición. La linterna tembló en su mano, proyectando sombras vivas en las paredes.Y entonces, en uno de esos parpadeos, las vio. Las vidrieras rojas. Reflejos imposibles derramados sobre las piedras:rosas rotas, espirales de sangre, ojos entrecerrados. No […]