L’AMORE ESISTE El sol de Sicilia no perdona.En el seminario de San Cataldo, el aire olía a polvo caliente y piedra vieja.Diana llevaba solo unas horas allí. Pedro y Marco la acompañaban, atentos pero sin poder detenerla. La profesora los había dejado mirar, pero Diana, impaciente, quiso hacer más.Se agachó, tomó una espátula y empezó a excavar sola.—Solo un poco —dijo. Un mal paso, una piedra suelta, y el cuerpo se fue hacia abajo.El golpe fue seco.Pedro corrió. Marco gritó su nombre.Diana intentó sonreír, pero el dolor le subía por la pierna. —Si mi madre se entera, me mata —dijo entre dientes.Pedro le apretó la mano.—Entonces que no se entere… todavía. La ambulancia llegó en minutos.El sol seguía alto, como si nada hubiera pasado. En Capri, el mundo era otro.Rebeca y Luis almorzaban frente al mar, bajo una sombrilla que se movía con la brisa.El vino blanco, el olor a limón, la calma después del viaje. Luis estaba callado.Rebeca lo miró.—¿Qué te pasa?—Nada.—Cuando dices “nada”, es algo. Ella sonríe, intentando animarlo, pero él apenas reacciona.La brisa trae el sonido de una radio cercana, y entre risas ajenas se cuela “L’amore esiste.”Rebeca la tararea distraída, sin saber que en unos minutos […]
#capitulo9
Capítulo 9: La revelación La luz roja filtrada por la vidriera lo teñía todo.Las sombras ya no eran solo de piedra.Y la sala, aún en calma, esperaba. La sala seguía en silencio, pero no era el mismo silencio de antes.Ahora latía.Se contraía.Esperaba. Alicia permanecía frente a la vidriera, el lazo rojo colgando a medio soltar,como una promesa que aún no se decidía a irse. Samuel no habló más.Pero seguía allí. Vivo.No como un recuerdo, sino como una llama suspendida en vidrio.Atrapado, pero consciente.Esperando ser liberado. Y aun así, ella dudaba. A veces sentía que algo en ella no le pertenecía del todo.Una voz antigua, una energía que no era suya pero vivía en ella,esperando su momento.Como si hubiese nacido para ser pasaje, no destino. Alicia no era una heroína.No como las de los cuentos.Era una hija que había olvidado demasiado y recordado tarde.Una niña que había aprendido a sentir antes que a entender.Una mujer que siempre había tenido miedo de tocar lo roto,por miedo a romperse también. Samuel no era solo el niño del banco ni el paciente 31.Había sido su reflejo.Su primer vínculo verdadero.Alguien que, incluso desde el silencio, le dio sentido cuando todo dolía demasiado. Les gustaba leer […]