L’AMORE ESISTE El sol de Sicilia no perdona.En el seminario de San Cataldo, el aire olía a polvo caliente y piedra vieja.Diana llevaba solo unas horas allí. Pedro y Marco la acompañaban, atentos pero sin poder detenerla. La profesora los había dejado mirar, pero Diana, impaciente, quiso hacer más.Se agachó, tomó una espátula y empezó a excavar sola.—Solo un poco —dijo. Un mal paso, una piedra suelta, y el cuerpo se fue hacia abajo.El golpe fue seco.Pedro corrió. Marco gritó su nombre.Diana intentó sonreír, pero el dolor le subía por la pierna. —Si mi madre se entera, me mata —dijo entre dientes.Pedro le apretó la mano.—Entonces que no se entere… todavía. La ambulancia llegó en minutos.El sol seguía alto, como si nada hubiera pasado. En Capri, el mundo era otro.Rebeca y Luis almorzaban frente al mar, bajo una sombrilla que se movía con la brisa.El vino blanco, el olor a limón, la calma después del viaje. Luis estaba callado.Rebeca lo miró.—¿Qué te pasa?—Nada.—Cuando dices “nada”, es algo. Ella sonríe, intentando animarlo, pero él apenas reacciona.La brisa trae el sonido de una radio cercana, y entre risas ajenas se cuela “L’amore esiste.”Rebeca la tararea distraída, sin saber que en unos minutos […]
#RadioRáfaga
Volare Faltaban dos minutos para las ocho. En la cabina de Radio Ráfaga, donde el viento parecía colarse incluso cuando no soplaba fuera, reinaba ese caos controlado tan propio de las mañanas. Rebeca Márquez, enfundada en un vestido color vino y una bufanda de seda que bien podría haber comprado en un mercadillo de Palermo, hojeaba un poemario con la solemnidad de quien prepara una revelación.Luis, frente a la consola, ajustaba botones con la resignación serena de quien ya ha perdido demasiadas batallas contra lo inesperado.Diana, en su rincón habitual, escribía en su cuaderno con el ceño fruncido, sabiendo que la paz duraría lo que un espresso mal servido. —¿De verdad vamos a empezar con una canción napolitana? —murmuró Luis, sin levantar la vista. —Naturalmente —respondió Rebeca, con esa media sonrisa que anunciaba tormenta—. Hoy no es un lunes cualquiera. Hoy… nos vamos a Italia. Diana alzó la mirada, despacio. —¿Cómo que “nos vamos”? —La Asociación Dante Alighieri ha hablado. ¿Recordáis aquel concurso de poesía? Pues bien: lo ganamos. Dos billetes a Italia. —¿Dos? —Uno para mí, por supuesto. Y el otro, para ti, hija mía. Nos lo hemos ganado. Por la cultura, la emoción… y, al parecer, mi anécdota […]