Imagen cortesía de RebGart Photo (IG: @rebgartphoto) INCOMPARABLE Rebeca & Luis: la bahía de Nápoles —¿Pero no íbamos a Pompeya? —preguntó Rebeca, cuando el cartel de Porto di Napoli apareció como una broma privada del destino. Luis no apartó la vista de la carretera.—Demasiado tráfico… y el parking allí es un atraco. Aquí salía más a cuenta. —¿A cuenta? ¿Un barco en Capri es “a cuenta”? Él se encogió de hombros, con esa calma que desesperaba.—El capitán me dijo que tenía wifi. Rebeca lo fulminó con la mirada, pero al subir al velero se le deshizo la ironía. El olor de las cuerdas empapadas en sal, el crujido de la madera bajo los pies, un capitán con cara de haber sobrevivido a todas las tormentas del Mediterráneo. Cuando la embarcación rodeó los farallones, Capri se desplegó como un escenario de ópera. Jazmín, limón y mar mezclaban su perfume, y el viento le enredaba el pelo con una dulzura casi insolente. Rebeca cerró los ojos y metió los dedos en el agua helada, como queriendo comprobar que no soñaba. Por un instante, pensó en Diana.Si su hija la viera allí, ¿qué pensaría? ¿Que estaba jugando a tener veinte años otra vez? […]
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Volare Faltaban dos minutos para las ocho. En la cabina de Radio Ráfaga, donde el viento parecía colarse incluso cuando no soplaba fuera, reinaba ese caos controlado tan propio de las mañanas. Rebeca Márquez, enfundada en un vestido color vino y una bufanda de seda que bien podría haber comprado en un mercadillo de Palermo, hojeaba un poemario con la solemnidad de quien prepara una revelación.Luis, frente a la consola, ajustaba botones con la resignación serena de quien ya ha perdido demasiadas batallas contra lo inesperado.Diana, en su rincón habitual, escribía en su cuaderno con el ceño fruncido, sabiendo que la paz duraría lo que un espresso mal servido. —¿De verdad vamos a empezar con una canción napolitana? —murmuró Luis, sin levantar la vista. —Naturalmente —respondió Rebeca, con esa media sonrisa que anunciaba tormenta—. Hoy no es un lunes cualquiera. Hoy… nos vamos a Italia. Diana alzó la mirada, despacio. —¿Cómo que “nos vamos”? —La Asociación Dante Alighieri ha hablado. ¿Recordáis aquel concurso de poesía? Pues bien: lo ganamos. Dos billetes a Italia. —¿Dos? —Uno para mí, por supuesto. Y el otro, para ti, hija mía. Nos lo hemos ganado. Por la cultura, la emoción… y, al parecer, mi anécdota […]