PIAZZA SAN MARCO Venezia apareció entre la niebla como una ciudad que respira lento.El vaporetto avanzaba por un canal que parecía un espejo agitado, y Rebeca era la primera en bajar, empujada por una energía que no sabía contener. —¡Mirad esas fachadas! ¡Y ese azul! ¡Y ese olor! —iba señalando todo, como si la ciudad necesitara una narradora urgente. Luis la seguía con calma entrenada.Pedro trataba de no caer en cada puente húmedo.Diana, con la pierna vendada, caminaba detrás: sin prisa, sin queja, sin ser llamada. Marco no estaba.Había vuelto a Florencia por trabajo, y sin él el grupo parecía un acorde al que le faltaba una nota. Venezia, luminosa incluso empapada La ciudad era un torbellino: niños con máscaras de cartón, turistas con ponchos amarillos que se pegaban al cuerpo, tenderos que gritaban ofertas imposibles, góndolas que rozaban los muros y dejaban un eco sutil. Una cafetería expulsaba olor a café fuerte.Un músico callejero afinaba mal.Un gato cruzó con la dignidad de quien conoce todos los secretos del agua. Rebeca continuaba hablando como si el mundo dependiera de su velocidad. —¿Habéis visto ese escaparate? ¡Me muero! ¿Cuánto falta? ¿Pedro, puedes mirar el mapa sin contármelo? Diana, ¿te duele? No, […]
#viajeemocional
Imagen cortesía de RebGart Photo (IG: @rebgartphoto) INCOMPARABLE Rebeca & Luis: la bahía de Nápoles —¿Pero no íbamos a Pompeya? —preguntó Rebeca, cuando el cartel de Porto di Napoli apareció como una broma privada del destino. Luis no apartó la vista de la carretera.—Demasiado tráfico… y el parking allí es un atraco. Aquí salía más a cuenta. —¿A cuenta? ¿Un barco en Capri es “a cuenta”? Él se encogió de hombros, con esa calma que desesperaba.—El capitán me dijo que tenía wifi. Rebeca lo fulminó con la mirada, pero al subir al velero se le deshizo la ironía. El olor de las cuerdas empapadas en sal, el crujido de la madera bajo los pies, un capitán con cara de haber sobrevivido a todas las tormentas del Mediterráneo. Cuando la embarcación rodeó los farallones, Capri se desplegó como un escenario de ópera. Jazmín, limón y mar mezclaban su perfume, y el viento le enredaba el pelo con una dulzura casi insolente. Rebeca cerró los ojos y metió los dedos en el agua helada, como queriendo comprobar que no soñaba. Por un instante, pensó en Diana.Si su hija la viera allí, ¿qué pensaría? ¿Que estaba jugando a tener veinte años otra vez? […]