¿Se puede viajar a Chichén Itzá sin salir de casa? Jorge Esquirol convierte la arquitectura maya en un mapa de autodescubrimiento que, además, tiene un propósito benéfico. Hay lugares que no conocemos en persona, pero que ya forman parte de nuestro imaginario. Lugares que, de alguna forma, nos llaman. A veces, para entender un monumento no hace falta haber caminado por sus explanadas, sino comprender la intención que lo levantó. Eso es lo que me pasó al leer «La pirámide del alma» de Jorge Esquirol. El autor no nos da una clase de historia seca sobre Chichén Itzá. Lo que hace es usar la grandeza de la cultura maya —esa mezcla de astronomía, tiempo y piedra— y traducirla en una experiencia interior. No es una postal turística; es un símbolo de elevación. El poder de una civilización que miraba al cielo Incluso sin haber pisado México, todos sabemos que los mayas tenían una conexión especial con el equilibrio y el tiempo. El libro honra esa herencia con una sensibilidad que asombra, convirtiéndola en la columna vertebral de una reflexión muy necesaria hoy: cómo crecer como seres humanos. Porque una pirámide, en el fondo, es: Lo más bonito es cómo Esquirol […]
#ViajeInterior
Imagen cortesía de RebGart Photo (IG: @rebgartphoto) INCOMPARABLE Rebeca & Luis: la bahía de Nápoles —¿Pero no íbamos a Pompeya? —preguntó Rebeca, cuando el cartel de Porto di Napoli apareció como una broma privada del destino. Luis no apartó la vista de la carretera.—Demasiado tráfico… y el parking allí es un atraco. Aquí salía más a cuenta. —¿A cuenta? ¿Un barco en Capri es “a cuenta”? Él se encogió de hombros, con esa calma que desesperaba.—El capitán me dijo que tenía wifi. Rebeca lo fulminó con la mirada, pero al subir al velero se le deshizo la ironía. El olor de las cuerdas empapadas en sal, el crujido de la madera bajo los pies, un capitán con cara de haber sobrevivido a todas las tormentas del Mediterráneo. Cuando la embarcación rodeó los farallones, Capri se desplegó como un escenario de ópera. Jazmín, limón y mar mezclaban su perfume, y el viento le enredaba el pelo con una dulzura casi insolente. Rebeca cerró los ojos y metió los dedos en el agua helada, como queriendo comprobar que no soñaba. Por un instante, pensó en Diana.Si su hija la viera allí, ¿qué pensaría? ¿Que estaba jugando a tener veinte años otra vez? […]
PEDRO (O EL ARTE DE IRRUMPIR CON OLOR A MANDARINA) A las 8:47, la Terminal 1 de Barcelona olía a perfume barato, nervios de domingo y croissants del día anterior. Rebeca ya había cumplido con su ritual matinal como una sacerdotisa del caos elegante:había declarado que el duty free era “una Venecia decadente con olor a Chanel”, perdido el pasaporte dentro de una guía de Florencia subrayada con furia, y corregido —por cuarta vez ese mes— la pronunciación de Trastevere:“Como quien ha amado en Roma y llorado en Florencia. Todo en el mismo fin de semana.” Vestía un vestido de limones, vaporoso como una promesa de verano.Llevaba gafas de sol sobre la cabeza —a pesar del techo— y un bolso que sonaba a biblioteca.En los labios: carmín rojo.En las muñecas: perfume cítrico.Capri embotellado, con nostalgia de decisiones no tomadas.Caminaba como si el mundo le debiera una banda sonora de Mina. O al menos un piano de fondo. Luis avanzaba con la mochila ajustada.Como si la estupidez del mundo moderno solo pudiera combatirse con cables y micrófonos.Miraba todo con la atención escéptica de quien ha arreglado demasiadas máquinas para confiar en las personas.Y con la resignación de quien sabe que los […]