¿Se puede viajar a Chichén Itzá sin salir de casa? Jorge Esquirol convierte la arquitectura maya en un mapa de autodescubrimiento que, además, tiene un propósito benéfico. Hay lugares que no conocemos en persona, pero que ya forman parte de nuestro imaginario. Lugares que, de alguna forma, nos llaman. A veces, para entender un monumento no hace falta haber caminado por sus explanadas, sino comprender la intención que lo levantó. Eso es lo que me pasó al leer «La pirámide del alma» de Jorge Esquirol. El autor no nos da una clase de historia seca sobre Chichén Itzá. Lo que hace es usar la grandeza de la cultura maya —esa mezcla de astronomía, tiempo y piedra— y traducirla en una experiencia interior. No es una postal turística; es un símbolo de elevación. El poder de una civilización que miraba al cielo Incluso sin haber pisado México, todos sabemos que los mayas tenían una conexión especial con el equilibrio y el tiempo. El libro honra esa herencia con una sensibilidad que asombra, convirtiéndola en la columna vertebral de una reflexión muy necesaria hoy: cómo crecer como seres humanos. Porque una pirámide, en el fondo, es: Lo más bonito es cómo Esquirol […]
#Espiritualidad
Hay momentos en la vida que te nombran antes de que tú decidas cómo llamarte. El mío ocurrió en noviembre, subiendo hacia O Cebreiro. Quienes han hecho el Camino saben que esa subida es una conversación a solas con tus pulmones. Aquel día, el mundo se había borrado. No había montañas, ni castaños, ni horizonte; solo una niebla espesa que parecía querer tragarse mis pasos. Caminaba en un vacío blanco, convencida de que esa soledad era mi única armadura. Subía sola. O eso era lo que yo creía. Entonces, un quiebro. La niebla se rompió. Justo cuando vislumbraba las primeras piedras rústicas y ese tejado cónico de paja y escarcha, la nieve empezó a caer. Y allí, recortados contra el blanco, estaban ellos. Mi familia. En ese instante, el frío dejó de doler. No se puede explicar con lógica lo que se siente al encontrar a los tuyos en el lugar más inhóspito, justo cuando creías que solo te tenías a ti misma. En aquel abrazo bajo los copos, entendí la gran mentira de mi autosuficiencia: yo había movido mis piernas, pero ellos habían sostenido mi meta. Llegué sola, pero no estaba sola. La nieve no fue un muro, fue […]