Después de este viaje lleno de caos veneciano, sustos sicilianos, momentos mágicos y emociones que van y vienen como las mareas… quiero escucharte a ti. Esta encuesta es para saber qué te ha tocado, qué te ha hecho reír, qué escena te dejó con el corazón apretado y cuál de estos personajes locos se ha quedado contigo más tiempo del que esperabas. Tu opinión ayuda a decidir qué vendrá después:más historias, un especial navideño, un spin-off… o ese capítulo extra que ya estás imaginando. Gracias por estar aquí.Ahora sí: cuéntame.
#Italia
L’AMORE ESISTE El sol de Sicilia no perdona.En el seminario de San Cataldo, el aire olía a polvo caliente y piedra vieja.Diana llevaba solo unas horas allí. Pedro y Marco la acompañaban, atentos pero sin poder detenerla. La profesora los había dejado mirar, pero Diana, impaciente, quiso hacer más.Se agachó, tomó una espátula y empezó a excavar sola.—Solo un poco —dijo. Un mal paso, una piedra suelta, y el cuerpo se fue hacia abajo.El golpe fue seco.Pedro corrió. Marco gritó su nombre.Diana intentó sonreír, pero el dolor le subía por la pierna. —Si mi madre se entera, me mata —dijo entre dientes.Pedro le apretó la mano.—Entonces que no se entere… todavía. La ambulancia llegó en minutos.El sol seguía alto, como si nada hubiera pasado. En Capri, el mundo era otro.Rebeca y Luis almorzaban frente al mar, bajo una sombrilla que se movía con la brisa.El vino blanco, el olor a limón, la calma después del viaje. Luis estaba callado.Rebeca lo miró.—¿Qué te pasa?—Nada.—Cuando dices “nada”, es algo. Ella sonríe, intentando animarlo, pero él apenas reacciona.La brisa trae el sonido de una radio cercana, y entre risas ajenas se cuela “L’amore esiste.”Rebeca la tararea distraída, sin saber que en unos minutos […]
Imagen cortesía de RebGart Photo (IG: @rebgartphoto) INCOMPARABLE Rebeca & Luis: la bahía de Nápoles —¿Pero no íbamos a Pompeya? —preguntó Rebeca, cuando el cartel de Porto di Napoli apareció como una broma privada del destino. Luis no apartó la vista de la carretera.—Demasiado tráfico… y el parking allí es un atraco. Aquí salía más a cuenta. —¿A cuenta? ¿Un barco en Capri es “a cuenta”? Él se encogió de hombros, con esa calma que desesperaba.—El capitán me dijo que tenía wifi. Rebeca lo fulminó con la mirada, pero al subir al velero se le deshizo la ironía. El olor de las cuerdas empapadas en sal, el crujido de la madera bajo los pies, un capitán con cara de haber sobrevivido a todas las tormentas del Mediterráneo. Cuando la embarcación rodeó los farallones, Capri se desplegó como un escenario de ópera. Jazmín, limón y mar mezclaban su perfume, y el viento le enredaba el pelo con una dulzura casi insolente. Rebeca cerró los ojos y metió los dedos en el agua helada, como queriendo comprobar que no soñaba. Por un instante, pensó en Diana.Si su hija la viera allí, ¿qué pensaría? ¿Que estaba jugando a tener veinte años otra vez? […]