Este capítulo está dedicado a una persona muy especial: positiva, vital, enamorada de Italia y de todo lo que allí late con belleza. VIVERE A COLORI La estación de Santa Maria Novella latía como un corazón gigantesco y un poco desbocado. Olor a café recalentado, bollería industrial, anuncios distorsionados de trenes con retraso y un enjambre de maletas rodando como si tuvieran vida propia. Todo vibraba con un caos magnético, casi teatral. Diana bajó del tren con los ojos tan abiertos que parecía absorber la ciudad entera en un solo parpadeo. Pedro cargaba la maleta con la sonrisa intacta, saludando a cualquiera que se cruzara. —¿Preparada para el Renacimiento? —le guiñó un ojo. —Preparadísima —contestó Diana—. Pero si me da un ataque de síndrome de Stendhal, me sujetas. Pedro rió con ganas.—Prometido. Y haré fotos para documentarlo. Unos metros más allá, Marco los esperaba, apoyado en un pilar, con un abrigo oscuro y la mirada tranquila. Tenía la postura de quien ha aprendido a esperar sin inquietud, y cuando los vio acercarse, su expresión se suavizó, apenas. —Benvenuti —dijo con voz grave y pausada—. Habéis llegado en el tren correcto, al menos. Pedro le soltó un golpecito en el hombro, […]
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PEDRO (O EL ARTE DE IRRUMPIR CON OLOR A MANDARINA) A las 8:47, la Terminal 1 de Barcelona olía a perfume barato, nervios de domingo y croissants del día anterior. Rebeca ya había cumplido con su ritual matinal como una sacerdotisa del caos elegante:había declarado que el duty free era “una Venecia decadente con olor a Chanel”, perdido el pasaporte dentro de una guía de Florencia subrayada con furia, y corregido —por cuarta vez ese mes— la pronunciación de Trastevere:“Como quien ha amado en Roma y llorado en Florencia. Todo en el mismo fin de semana.” Vestía un vestido de limones, vaporoso como una promesa de verano.Llevaba gafas de sol sobre la cabeza —a pesar del techo— y un bolso que sonaba a biblioteca.En los labios: carmín rojo.En las muñecas: perfume cítrico.Capri embotellado, con nostalgia de decisiones no tomadas.Caminaba como si el mundo le debiera una banda sonora de Mina. O al menos un piano de fondo. Luis avanzaba con la mochila ajustada.Como si la estupidez del mundo moderno solo pudiera combatirse con cables y micrófonos.Miraba todo con la atención escéptica de quien ha arreglado demasiadas máquinas para confiar en las personas.Y con la resignación de quien sabe que los […]