Este capítulo está dedicado a una persona muy especial: positiva, vital, enamorada de Italia y de todo lo que allí late con belleza. VIVERE A COLORI La estación de Santa Maria Novella latía como un corazón gigantesco y un poco desbocado. Olor a café recalentado, bollería industrial, anuncios distorsionados de trenes con retraso y un enjambre de maletas rodando como si tuvieran vida propia. Todo vibraba con un caos magnético, casi teatral. Diana bajó del tren con los ojos tan abiertos que parecía absorber la ciudad entera en un solo parpadeo. Pedro cargaba la maleta con la sonrisa intacta, saludando a cualquiera que se cruzara. —¿Preparada para el Renacimiento? —le guiñó un ojo. —Preparadísima —contestó Diana—. Pero si me da un ataque de síndrome de Stendhal, me sujetas. Pedro rió con ganas.—Prometido. Y haré fotos para documentarlo. Unos metros más allá, Marco los esperaba, apoyado en un pilar, con un abrigo oscuro y la mirada tranquila. Tenía la postura de quien ha aprendido a esperar sin inquietud, y cuando los vio acercarse, su expresión se suavizó, apenas. —Benvenuti —dijo con voz grave y pausada—. Habéis llegado en el tren correcto, al menos. Pedro le soltó un golpecito en el hombro, […]
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