Era mi primera vez con Hoffmann y lo viví en la lectura conjunta de NoxQuimia Club de Lectura. El arranque, sobre todo el segundo capítulo, me resultó pesado: lento, cargado de antecedentes y con una solemnidad que casi me hizo abandonar. Pero al avanzar descubrí otra cosa: un gótico febril, desbordado, lleno de crímenes, delirios y desdoblamientos. Lo que me conquistó fue el trasfondo psicológico, casi freudiano, que convierte a Medardo en escenario de una lucha interior entre pulsiones reprimidas y deseo de redención. Aviso de spoilers A partir de aquí, relato libremente los giros de la trama. Cómo nació la obra Hoffmann publicó Los elixires del diablo en 1815-1816, en pleno auge del romanticismo alemán. Tomó recursos del gótico inglés (conventos, manuscritos, apariciones, crímenes), pero los volcó hacia el interior: lo terrorífico ya no es el castillo embrujado, sino la mente dividida del protagonista. Ficha técnica Argumento con detalle Ejes temáticos Comparaciones góticas Diccionario gótico Lo que me gustó y lo que me costó Lo que más disfruté fue la intensidad con la que Hoffmann se mete en la mente de Medardo. Ese desdoblamiento con su doble me pareció inquietante y muy moderno, como si hablara de lo reprimido […]
#Lectores
Aviso de spoilers Este artículo contiene referencias directas a la trama de Sentido y sensibilidad de Jane Austen, especialmente a la relación entre Marianne Dashwood y Willoughby. Si todavía no has leído la novela o visto alguna de sus adaptaciones, quizá prefieras dejar esta página marcada para más adelante. Imagina la respuesta de Marianne a la cruel carta de Willoughby en Sentido y sensibilidad. Una exploración de su pasión, errores y madurez a través de la ironía y desengaño en clave divertida. Sensibilidad vs. Sentido: Una carta cruel que marcó la novela En Sentido y sensibilidad (1811), Jane Austen nos regaló una de las escenas más demoledoras de su obra: la carta en la que John Willoughby rompe con Marianne Dashwood, negando todo lo que ella creyó compartir y empujándola hacia una enfermedad casi mortal provocada por su propia imprudencia emocional. Esa misiva, fría y distante, fue escrita en realidad por la futura esposa de Willoughby. Una traición doble: la del amante y la de la palabra. Pero, ¿y si Marianne hubiera respondido? Aquí imaginamos la carta que nunca escribió, un juego entre la ironía, el despecho y la ternura herida. La carta que Marianne pudo haber escrito Querido señor […]