BILLETES DE IDA (Y LO QUE VENGA) – CAPÍTULO 3

SARÀ PERCHÉ TI AMO

Subieron las escaleras del metro Colosseo como quien presiente que algo está por pasar.

Y pasó.

El Coliseo apareció de golpe.
Sin transición.
Como si alguien hubiera quitado un telón al mundo.


Diana frenó. El aire se le quedó atrapado en el pecho.

Luis dejó de caminar sin darse cuenta.
Y Rebeca… sintió algo que no esperaba:
asco de no tener palabras.

El Coliseo no era un monumento.
Era una declaración.
Una herida hermosa que seguía respirando siglos después.

—Es demasiado —susurró Diana—. No entiendo cómo puede ser tan… así.

—Yo tampoco —admitió Rebeca.

Y en ella, eso era equivalente a desnudarse.


Y entonces, como una escena ensayada por los dioses del caos:

la música.

Una bocina maltratada. Un grupo de italianos —¿una despedida? ¿una familia coral?— cantando a voz limpia:

«Sarà perché ti amo…»

Luis ladeó la cabeza.
Diana se tapó la boca, entre la risa y el colapso.
Rebeca se giró con lentitud, como si esperara una explicación.

No llegó.

Sólo más coro.

«Che confusione…»

Y entonces:
un hombre se arrodilló.
Allí. Delante del Coliseo.
Anillo. Cartel. Aplausos. Lágrimas.
Una mujer gritó “sì” con todas las vocales posibles.

La gente estalló.
Bailaban. Lloraban. Filmaban.
Era cursi.
Era ridículo.
Era, de algún modo, perfecto.


Diana aplaudía con las mejillas húmedas.

—¡Esto existe! ¡Esto pasa! ¡Y justo aquí! ¡Con esta canción! ¡Frente al Coliseo! ¡¿Pero qué es esto?! —gritaba, casi sin control.

Luis reía bajito.
No se burlaba. Se emocionaba a su manera callada.

Y Rebeca…
Rebeca no aplaudía.

No podía.

Miraba a la mujer abrazada al hombre.
A la piedra milenaria detrás.
A la canción en el aire.

Y sintió algo parecido a una punzada dulce.

No era celos.
Tampoco tristeza.

Era otra cosa.

Una certeza inesperada:

«Yo ya no tendré un momento así.»


No un anillo.
No una declaración pública.
No una euforia tan ingenua.

Y aunque no lo había buscado,
aunque no lo deseaba con convicción,
le dolió no tener la opción.

La belleza le entraba por todas partes.
Y por dentro… había eco.


Luis lo vio.
Y no dijo nada.
Pero se puso a su lado.

Sin tocarla.
Pero estando.

Y eso fue, sin saberlo, lo más perfecto del día.


La canción acabó.
El grupo se dispersó.
La pareja lloraba.
Roma siguió.

Y ellos, los tres,
volvieron a caminar.
Pero no del todo igual.


En una terraza inclinada del Trastevere, se sentaron.

Pidieron sin protocolo:
Prosecco. Spritz. Limonata.

—No quiero que este día se termine —dijo Diana—. Quiero que se quede así. En bucle. Como un disco rayado que me gusta.

—Te lo recordaré el día de tu boda —dijo Rebeca.

Luis levantó la copa.
—A los días que no parecen reales.

Brindaron.
Y por un momento, todos pensaron:
quizá sí lo son.

Imagen actual: 8b79b996 03d0 4d50 9f4c fdb9b0dae0c7

Y entonces —por supuesto—Pedro.

—¿Se permite un cuarto elemento inesperado? —preguntó, ya con la silla en la mano.

Diana rió.
Luis rodó los ojos.
Rebeca ni pestañeó.

—¿No deberías estar volando a Nápoles con jubilados melómanos?

—Me desvié. Roma canta más fuerte.

Se sentó.

Como si siempre hubiera tenido sitio ahí.


Epílogo emocional del capítulo
Nadie cantaba ya.
Pero algo seguía vibrando.

«Sarà perché ti amo…»

Quizá era la ciudad.
O la canción.
O simplemente la vida,
haciendo lo suyo sin pedir permiso.

Y por primera vez en mucho tiempo,
ninguno de los tres quiso estar en otro lugar.

Ni siquiera Rebeca.

A veces, una canción suena en el momento justo.
Otras veces, el momento entero parece una canción.

Hoy fue así.

El Coliseo.
La gente cantando.
Una pedida de mano.
Y tres personas que no sabían que necesitaban estar justo ahí.

No sabemos si fue el sol.
La piedra antigua.
O el eco de una melodía pegajosa que no pedía permiso.

Pero algo se movió.
Y nadie quiso detenerlo.

Quizá fue amor.
O una confusión bellísima.

Sea lo que sea,
esta es la canción que quedó sonando en el cuerpo.

🎵 Escúchala aquí: «Versión de “Sarà perche ti amo» interpretada por Ricchi E Poveri. Vídeo original en YouTube.

Aviso legal – Uso de nombres y referencias culturales

Esta obra es una obra de ficción. Los nombres de artistas, lugares o figuras públicas mencionados se utilizan con fines narrativos, culturales y referenciales.
No existe ningún tipo de vinculación comercial ni colaboración directa con dichos artistas o entidades.

Todas las canciones, títulos y marcas mencionadas pertenecen a sus respectivos autores y propietarios.
Su uso en este contexto es respetuoso, sin ánimo de lucro y conforme a los principios de uso legítimo y cita cultural.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 ideas sobre “BILLETES DE IDA (Y LO QUE VENGA) – CAPÍTULO 3”

  • Fran
  • María