Entre los libros de Jane Austen que guardo con más estima están Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio y Emma. Cada uno me acompaña de un modo distinto: la ironía feroz de Elizabeth Bennet, la inteligencia traviesa de Emma Woodhouse, la ternura y el juicio en contraste de las hermanas Dashwood. Pero si tengo que elegir una que me despierte un cariño especial, es Sentido y sensibilidad. No porque sea la más perfecta, sino porque fue la primera. Fue mi puerta de entrada a Austen, y quizá también a la literatura misma. Ahí empezó un vínculo que nunca se ha cortado: el de descubrir que un libro puede acompañarnos toda la vida. Jane Austen suele venir rodeada de un cliché: la autora de novelas románticas, de señoritas que suspiran en salones y esperan un buen matrimonio. Pero para quienes la hemos leído, Austen es mucho más que eso. Fue una de las primeras manos que me tendió hacia la literatura. Yo llegué a ella de adolescente y recuerdo el asombro de descubrir un mundo de emociones, ironía y personajes que pensaban tanto como sentían. No eran solo historias de amor: eran preguntas sobre la vida, sobre la independencia, sobre cómo […]
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