Querida Anne Shirley, Tú que sabes ver maravillas donde otros ven rutina —una nube que parece un cisne, un charco que es casi océano— sé que entenderás esto que quiero contarte. Cuando era niña, había alguien en mi familia, joven aún, con el alma alegre y los ojos llenos de historias sin contar. No era mi madre, ni mi hermana, ni exactamente una tía, pero sí era mía en una forma más profunda: la de quien te elige sin tener que hacerlo. Ella me llevaba a escondidas a la heladería que quedaba a la vuelta de la esquina. Yo siempre pedía el mismo: helado de Pantera Rosa. Rosa chillón, rosa imposible, rosa felicidad. Y justo antes de entrar, se inclinaba hacia mí, con una sonrisa que prometía aventura, y susurraba:«Pero no se lo digas a tus padres, ¿eh? A ver si encima me regañan.» Y yo no decía nada. Solo asentía, con los ojos muy abiertos y el corazón latiendo como si estuviéramos a punto de cruzar la frontera de un país secreto donde todo estaba permitido: hablar sin pedir turno, reír sin culpa, ser importante sin tener que portarse bien. Con ella, el mundo no era un lugar por […]
#niñezfeliz
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