Lo primero que pensó fue que Capri no era para ella.Una isla más, se dijo. Demasiado pintoresca. Demasiado ordenada.Como si no tuviera ya suficientes imágenes bonitas archivadas en la memoria. Y, sin embargo, desde el primer instante, algo fue distinto. El aire tenía otra textura.El sol no quemaba: se derramaba suave, como si supiera posarse en los hombros sin dejar marca. Las fachadas no buscaban llamar la atención, pero una no podía dejar de mirarlas. Las calles se curvaban como recuerdos, y todo parecía haber estado ahí esperándola. Subieron por el funicular entre murmullos, y al llegar a La Piazzetta, la isla se abrió como un secreto bien guardado: mesas diminutas, camareros que parecían conocer la vida entera, flores trepando en silencio por las paredes.Ella pidió café. Él miraba el mar.Ella lo miró a él.Y fue suficiente. —No me dejes comprar nada con estampado de limón —le dijo, mientras acariciaba un imán repleto de ellos.Él no respondió. Sabía que ciertas batallas no se pierden: se disfrutan. Pasearon entre tiendas donde todo brillaba como si hubiera sido barnizado por el sol.Ella hablaba poco. No porque no tuviera qué decir, sino porque sabía que había cosas que solo se piensan. Como el […]
#AmarilloCapri
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