La pulsera roja arde en mi muñeca como si guardara un fragmento de luz, como si de algún modo pudiera atrapar el sol y llevarlo conmigo.Al fondo, el faro espera.No importa si llego hoy, mañana o nunca: su luz me alcanza igual.Quizá por eso lo busco, no para tocarlo, sino para seguir viéndolo. Este blog de literatura —desde septiembre— será así: sin calendario fijo, sin compás marcado, como el mar que a veces se agita en terror y a veces se abre en emoción; siempre sincero, más natural, más de corazón. En Las Vidrieras Rojas, la pulsera era un escudo: sostenía un sistema vídrico que retenía las emociones, impidiendo que se rompieran.Hoy late con la misma misión mientras camino hacia mi faro, protegiendo todo lo que he vivido, todo lo que aún no puedo nombrar.Porque ir al faro y llevar la pulsera son lo mismo: avanzar con todo lo que soy y todo lo que guardo. El mar respira lento; yo respiro con él.Cierro el puño y siento el metal calentarse en mi piel.No es un pulso contra nadie, sino contra la pausa, contra el olvido, contra todo lo que intenta apagar la luz. En ese latido regresan Iván y […]
#BlogPersonal
Lo primero que pensó fue que Capri no era para ella.Una isla más, se dijo. Demasiado pintoresca. Demasiado ordenada.Como si no tuviera ya suficientes imágenes bonitas archivadas en la memoria. Y, sin embargo, desde el primer instante, algo fue distinto. El aire tenía otra textura.El sol no quemaba: se derramaba suave, como si supiera posarse en los hombros sin dejar marca. Las fachadas no buscaban llamar la atención, pero una no podía dejar de mirarlas. Las calles se curvaban como recuerdos, y todo parecía haber estado ahí esperándola. Subieron por el funicular entre murmullos, y al llegar a La Piazzetta, la isla se abrió como un secreto bien guardado: mesas diminutas, camareros que parecían conocer la vida entera, flores trepando en silencio por las paredes.Ella pidió café. Él miraba el mar.Ella lo miró a él.Y fue suficiente. —No me dejes comprar nada con estampado de limón —le dijo, mientras acariciaba un imán repleto de ellos.Él no respondió. Sabía que ciertas batallas no se pierden: se disfrutan. Pasearon entre tiendas donde todo brillaba como si hubiera sido barnizado por el sol.Ella hablaba poco. No porque no tuviera qué decir, sino porque sabía que había cosas que solo se piensan. Como el […]