Capítulo 6: El origen del miedo Antes de que se cerrara el portón, su madre se agachó frente a él. La luz de la mañana le temblaba en las manos, pero su voz era firme, como si contara un cuento que ya había vivido. —Escúchame, Sam. No todos los miedos están para ser evitados. Algunos solo vienen a recordarnos quiénes somos. Él bajó la vista, con el libro apretado contra el pecho. Su madre se lo había dado sin una palabra. Solo lo deslizó en su abrigo como quien deja una brújula en el bolsillo de un náufrago. —Puede que, algún día, veas a una chica de pelo rojo. Una niña, una mujer… o algo entre ambas. No la conozco. Pero sé que hay personas que aparecen para sostenernos cuando estamos por caer. Y ella… será una de ellas para ti. Samuel no preguntó cómo lo sabía. A esa edad, uno aún cree en las verdades que vienen con voz de madre. —No temas si no entiendes. Solo… fíate de ella. Y entonces lo besó en la frente. Sin prisa, como si dejara un recuerdo que aún no había ocurrido. Después, solo quedó el sonido del hierro cerrándose entre ellos. […]
#PasadoYPresente
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