Si alguna vez habéis compartido una lectura en la penumbra de un club como Siempre Medianoche, sabréis que hay historias que no se leen solo con los ojos, sino también con los nervios. Hay libros que parecen avanzar en silencio, como si no quisieran despertar a lo que llevan dentro. Y luego, de pronto, ya es tarde: la casa ha cerrado sus puertas, el sótano respira y algo antiguo empieza a moverse bajo el polvo. Eso mismo me ha pasado con El morador, de Daria Pietrzak. Antes de entrar en harina, quería daros las gracias de corazón a todos los que habéis formado parte de esta lectura conjunta. Compartir vuestras teorías, vuestros momentos de tensión y leer vuestras impresiones en el club ha hecho que este viaje a la granja de Hoverfield haya sido el doble de intenso y disfrutable. Es un lujo tener una comunidad tan entregada en cada página. Al lado de mi gran amigo, coadministrador y propietario del club —nuestro jefe— Fran, hemos descendido a estas páginas con la sensación de estar entrando en un territorio familiar y, a la vez, profundamente contaminado. Porque esta novela empieza con algo reconocible: una herencia, una casa de campo, recuerdos […]
#DilatandoMentes
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