LAS VIDRIERAS ROJAS – CAPÍTULO 2

Capítulo 2: Bajo la Luz Roja y la Tierra Hueca

El crujido era leve, seco, como un dedo que rasga una página. Venía de arriba.

Ella subió sin pensar, como si la decisión la hubiera tomado antes. Como si la casa lo supiera. El aire cambiaba conforme ascendía. Más espeso, más cargado. Como si respirara otra historia. Una historia que no le pertenecía o que, peor aún, ya había vivido.

En el rellano, una ventana estrecha ofrecía una vista de la fachada superior. Desde allí, los balcones de hierro parecían más frágiles. Las ventanas angostas, ladrillos amarillos agrietados, líneas serpenteantes talladas en piedra. Una diadema torcida coronando la casa, observando el tiempo desde lo alto.

La parte superior de la casa, vista desde el rellano, parecía más una joya fracturada que una estructura arquitectónica. Las molduras que recorrían el arco superior estaban cargadas de vegetación detenida: hojas que no crujían, flores que nunca habían florecido, esculpidas en piedra como si la primavera se hubiese petrificado allí para siempre.

Las ventanas altas y estrechas estaban coronadas por vitrales curvos, cuya luz no se proyectaba con claridad sino con intención. Rojos, ámbares, verdes quemados: el color no iluminaba, envolvía.

Entre los marcos de madera oscura, se adivinaban detalles tallados a mano: golondrinas detenidas en pleno giro, espirales que parecían formar un alfabeto secreto, balcones de hierro que surgían como ramas de un tronco.

Toda esa belleza opulenta tenía un aire inmóvil, casi funerario. Como si alguien hubiese encerrado la idea de lo hermoso para que no pudiera corromperse más.

Sus ojos bajaron a la calle.

Y entonces lo vio.

Un hombre, solo, de pie en la acera. Quieto. Mirando la casa. Mirándola.

No distinguía su rostro, pero su rigidez lo decía todo. No era un paseante. Era una presencia.

“Alguien me miró así una vez,” pensó. “No aquí. No ahora. Pero era esa mirada.”

Parpadeó. La acera estaba vacía.

El susurro regresó, pegado a la nuca. Subió.

La buhardilla era un espacio silencioso, como si los sonidos no pudieran vivir allí.

El techo bajo, inclinado, con vigas talladas con ramas y ojos entre las curvas. La luz entraba por una única ventana circular, rodeada de vitrales en rojo y ámbar. Las manchas de color se proyectaban como restos de una historia quemada.

En la madera, una inscripción casi borrada. Una cifra: 31. No decía más. Pero algo en ese número le retumbaba en el pecho, como si no lo estuviera leyendo, sino recordando.

“Paciente 31,” pensó. El eco era antiguo, como si lo hubiese oído hace mucho… y decidido olvidarlo.

Bajó. Ahora con una dirección.

La luz temblorosa seguía escapando por la rendija de la trampilla, junto a la escalera. El mismo resplandor que había visto al final. La casa no había cerrado esa puerta. Esperaba.

Se agachó y descendió por la abertura. El aire cambió de golpe. Más frío, más denso. Olía a humedad, a encierro.

En el sótano, el silencio era absoluto. Las paredes estaban cubiertas de polvo y salitre. Y al fondo, medio tapada por un armario caído, una segunda trampilla.

La abrió. Un golpe de humedad le subió por la garganta. Detrás, un espacio excavado. Oscuro. Frío. Y un olor a tierra viva.

Dentro, una caja metálica oxidada. Papeles. Un sello: Sanatori de les Valls. Fechas de los años treinta. Una lista de pacientes. Uno de ellos llevaba su nombre. O algo demasiado parecido.

Paciente 31. Diagnóstico: disociación. Tendencia a confundir entornos reales con espacios mentales. Posible vínculo con episodios repetidos.

Debajo, un mapa mal trazado. Incompleto. Con líneas subterráneas. Túneles. Uno pasaba justo bajo la casa. Otro conectaba con un viejo sanatorio. Otro se perdía en dirección al cementerio.

Su calle estaba marcada. Y la casa dibujada a mano. Pero con las ventanas tapiadas.


¿Qué hará ahora?

  • Levantar la trampilla por completo y entrar al túnel. Seguir el mapa.
  • Volver al vestíbulo y revisar más documentos.
  • Salir de la casa antes de que lo que duerme abajo despierte.

Escribe tu elección en los comentarios.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

20 ideas sobre “LAS VIDRIERAS ROJAS – CAPÍTULO 2”

  • Adrián
    • María Nox
  • Olatz
    • María Nox
  • Cristina
    • María Nox
  • María
    • María Nox
  • Fran
    • María Nox
  • Soraya
    • María Nox
  • Ángel
    • María Nox
  • Ana Isabel
    • María Nox
  • MONTSE
    • María Nox
  • Miki
    • María Nox